Preguntar al equipo y permitir que todas las voces sean escuchadas es clave. No hay que engañarse: es mucho más probable que surjan una mejor visión y una mejor estrategia de varias cabezas pensando juntas que de un líder aislado.
Ser invencible no significa no perder; ser invencible es no dejarse ganar.
Para Rubén Duque, esta idea se resume en dos elementos que siempre están bajo el control de cada persona: su actitud y su esfuerzo ante la vida.
Este concepto nació una noche en Kingston, Jamaica. El equipo iba a jugar contra uno de los conjuntos más rápidos del planeta. Rubén pensó: “Si perdemos el balón, nos van a contraatacar y ni siquiera los veremos pasar”. Entonces decidió preguntarle al equipo, algo que los líderes suelen olvidar porque creen que deben tener todas las respuestas.
Uno de los jugadores levantó la mano y dijo:
“Coach, mañana tenemos que ser invencibles”.
Después explicó: “Ser invencible no significa no perder; ser invencible es adueñarse de lo que está bajo tu control”.
En un partido pueden fallarse pases o tacles, incluso en una Copa del Mundo. Sin embargo, ser invencible implica tener la voluntad de levantarse una y otra vez, así como de perseguir al rival hasta lograr detenerlo.
Así nació el concepto de equipo invencible. El equipo ha perdido partidos en el marcador, pero nunca ha dejado de entregarse con actitud y esfuerzo. Eso siempre representa una victoria, porque lo mantiene un paso adelante.
El método Y-E-N
El método Y-E-N se compone de tres niveles:
• Yo [Y]: autoliderazgo.
• Ellos [E]: liderazgo como servicio.
• Nosotros [N]: equipazgo, el nivel más alto de desarrollo de un equipo.
El equipazgo ocurre cuando hay tal nivel de confianza, humildad y responsabilidad que el propio equipo se convierte en líder. Sus integrantes se exigen entre pares, aceptan retroalimentación aunque incomode y cumplen la misión con integridad.
La vida es un deporte de equipo: la pareja, la familia y la empresa. El problema es que nadie ha enseñado a las personas cómo jugarlo.