De director a emprendedor
El director rara vez es empresario; el productor suele asumir ese papel. Los directores buscan productores y personas que les den trabajo. Sin embargo, cuando alguien comienza su trayectoria, difícilmente recibe esas oportunidades: debe generarlas por cuenta propia.
Más allá de la labor artística, vale la pena comprender la función del director como emprendedor: cómo elige sus proyectos, qué retos enfrenta para llevarlos a cabo y de qué manera asume la responsabilidad ejecutiva como líder de un grupo que persigue un objetivo común.
El productor es quien encuentra los proyectos y reúne al director, al actor, al financiamiento y al estudio o la cadena de distribución. Es, en esencia, el empresario que lleva las riendas creativas y empresariales, cuidando que ninguna de las dos se desvíe de lo prometido a los inversionistas. El director, en cambio, selecciona el guion que quiere dirigir y construye su carrera a partir de esas decisiones.
En el caso de Gaz Alazraki, la necesidad de dirigir lo llevó a convertirse en empresario. No estudió para serlo y reconoce que esa falta de preparación pudo convertirlo en un mal empresario, pero también en un buen director. La transición ocurrió casi por accidente: al no encontrar productores que le dieran trabajo, tuvo que generar sus propias oportunidades.
Financiar la visión artística: el proyecto de Nosotros los Nobles
Así nació el proyecto de Nosotros los Nobles. Tras presentar la idea como una nueva versión de El gran calavera, Warner Bros. se interesó en ella, pero posteriormente cerró sus operaciones en México. Con Leonardo Zimbrón como productor independiente, el proyecto siguió adelante mediante la búsqueda de financiamiento a través de EFICINE.
Durante meses, Alazraki se dedicó a comprender el funcionamiento del estímulo fiscal, conversar con empresas y convencerlas de canalizar parte de sus impuestos hacia el proyecto.
Convertir la necesidad en oportunidad
En ese proceso conoció a Sergio Chedraui, quien finalmente financió la película. La experiencia le permitió comprender que ser empresario implicaba defender su visión artística, negociar condiciones y, al mismo tiempo, asegurar los recursos necesarios. Al final, se convirtió en dueño de la propiedad intelectual y del financiamiento, lo que le permitió poner en marcha una compañía.
De esta manera, Gaz Alazraki se volvió emprendedor casi sin proponérselo: buscó la oportunidad, encontró la manera de sentarse con los inversionistas y aprovechó cada circunstancia para hacer realidad su proyecto.