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Construyamos un mundo de igualdad, en paz y unidad

Marzo 07 / 2022

Yvette Mucharraz y Cano

Profesor del área de Dirección de Personal

Yvette Mucharraz y Cano

Profesor del área de Dirección de Personal

Marzo 07 / 2022

En los últimos 15 años, México ha logrado avances significativos para alcanzar la igualdad de género. De acuerdo con estudios del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD) de IPADE Business School, en este periodo la participación de la mujer en la alta y media dirección ha pasado de 28 a 38%. También ha crecido la contribución de la mujer en el empleo formal. Las mujeres que reciben un ingreso por un trabajo remunerado han aumentado un 5%.

 

La mujer también ha desempeñado un papel sobresaliente durante la pandemia. Por un lado, muchas mujeres estuvieron en la primera línea de atención: médicas, enfermeras, psicólogas, trabajadoras de limpieza en hospitales, paramédicas, maestras… Además de estas tareas de trabajo remunerado, las mujeres asumieron gran parte de las tareas asociadas a la escuela en casa y al cuidado de los niños y adultos mayores en sus hogares. También crearon redes de apoyo sólidas con otras mujeres –vecinas, abuelas, tías, amigas– para ayudar a sus comunidades.

 

Los espacios y roles que la mujer ha ido conquistando en distintos ámbitos dan cuenta de un liderazgo femenino que se caracteriza por su eficacia para crear equipos de trabajo y por su capacidad para tomar decisiones en momentos de crisis. Diversos estudios demuestran que la mujer tiene ciertas competencias más desarrolladas, como la resiliencia. A lo largo de las últimas décadas, la mujer ha tenido que ser resiliente desde distintas trincheras. En el hogar, ha sido buena administradora de los recursos y, al mismo tiempo, conciliadora en aspectos humanos para desarrollar los talentos en la familia. En el ámbito laboral, se ha adaptado continuamente a realidades cambiantes. Por ejemplo, cuando un hijo se enferma, la mujer que trabaja tiene que resolver la situación, utilizando su red de apoyo, y continuar con sus responsabilidades laborales. A esto le llamo resiliencia en la práctica cotidiana.

 

Esta cualidad de resolver e innovar “al vuelo”, es decir, de manera espontánea, es una aportación de la mujer que ayuda mucho en el contexto actual, para solucionar situaciones presentes y futuras, como la pandemia y el síndrome de burnout derivado de la crisis sanitaria. Actualmente, en el CIMAD estamos llevando a cabo una investigación acerca del burnout o agotamiento y hemos identificado que las mujeres han sido mayormente afectadas por las responsabilidades que tienen a nivel personal.

 

El estudio Women in the Workplace 2021, llevado a cabo en Estados Unidos por la consultora de negocios McKinsey & Company en colaboración con Lean In, organización que trabaja para crear un mundo igualitario; también muestra que existe un mayor burnout en las mujeres que en los hombres. Aun así, las mujeres se están elevando como líderes fuertes: apoyan a sus equipos, promueven la diversidad, la equidad y los esfuerzos de inclusión.

 

Sin duda, las mujeres tenemos una personalidad, forma de ser, roles, valores, competencias y atributos diferentes a los del hombre, pero son complementarios. Si vamos de la mano, mujeres y hombres podemos reconocer nuestras fortalezas y construir un mejor futuro; un camino nuevo común, a través de la unidad del trabajo. Al sumar las fortalezas y cualidades de mujeres y hombres podemos solucionar problemas y atender los grandes desafíos, tanto en el trabajo, como en la familia y la comunidad.

 

Se necesita mucha valentía para reconocer las injusticias que, por décadas, han discriminado a la mujer y a otros grupos que son minoría, pero también para construir un futuro diferente en el que mujeres y hombres vivamos como seres humanos plenos y con esperanza, a partir de la unidad, la paz, el respeto y la construcción de una nueva realidad que sea más próspera, empática e inclusiva. Un nuevo mundo que llame a la conciliación y no a la división. Se trata de una transformación cultural y social de fondo mediante la cual el bienestar, la felicidad y el éxito sean para todos.

Desarrollo de ecosistemas productivos y de innovación

Para que las empresas puedan desarrollar equipos unidos y complementarios, en los cuales mujeres y hombres, por igual, abonen a las metas con su visión y talento, primero se debe considerar a los colaboradores como personas y reconocer sus cualidades y derechos como seres humanos. Todos debemos de tener garantizados nuestros derechos universales, sin distinción de sexo, color, religión, lugar de residencia o cualquier otra condición. Todos tenemos que ser valorados en la dignidad.

 

Después se deben reconocer las diferencias como mujeres y hombres y a nivel individual; es decir, la personalidad de cada individuo derivada del lugar que ocupa en la familia, la carrera que eligió, los desafíos que ha enfrentado en la vida, sus talentos y cualidades, etcétera. Con todas estas características se pueden establecer ecosistemas productivos y de innovación dentro de las organizaciones.

 

También es muy importante que las empresas logren identificar las fortalezas de su talento y que la búsqueda de oportunidades se dirija hacia esas fortalezas y hacia la creación de ecosistemas de innovación. Para innovar, se necesitan redes de apoyo; se requiere establecer relaciones con otros. No se puede innovar en aislamiento. La innovación requiere de cualidades diversas.

 

Otro elemento para impulsar el desarrollo de ecosistemas productivos es potenciar y mantener el talento femenino. Después de la pandemia, México y otros países han experimentado La Gran Renuncia, un fenómeno que se refiere a la gran cantidad de talento que está abandonando sus trabajos para vivir de otra manera, y este fenómeno incluye, especialmente, al talento femenino. Es indispensable que las empresas desarrollen esquemas para no perder la valiosa contribución de la mujer en las empresas, a cualquier nivel, incluidas las mesas de toma de decisiones y los Consejos de Administración.

 

En abril de 2020, después de que la pandemia llegó a México, 23.5% de las personas trabajaban en casa, de acuerdo con el INEGI. Hoy, apenas el 5.7% de las empresas consideran la adopción permanente del home office; esto significa que más del 94% de las empresas en México no tienen pensado desarrollar o fortalecer esquemas de trabajo remoto.

 

Estas cifras son preocupantes, pues si bien los esquemas de trabajo flexible benefician a todos, especialmente apoyan a las mujeres, quienes atienden el hogar y son cuidadoras primarias en la familia, tanto de niños como de enfermos y adultos mayores.

 

Por esta situación, muchas mujeres han tenido que migrar al trabajo informal, lo que genera una menor participación de la mujer en los trabajos remunerados (los cuales garantizan la previsión social y de salud para ellas, sus hijos y sus padres) y una mayor pobreza laboral.

 

En México, 39.4% mujeres viven en pobreza laboral, y la ausencia de modelos de trabajo flexible que les permitan atender sus necesidades personales, sumada a la falta de infraestructura en materia de salud y pensiones, deja a la mujer afectada y desprotegida. Por esta razón, las organizaciones tienen que replantearse los modelos de trabajo flexible y así atraer y mantener el talento femenino.

 

Busquemos la paz

En conmemoración al Día Internacional de la Mujer, mujeres y hombres hagámonos el propósito de buscar la paz a través de la empatía, pero no solo tratemos de entender al otro; escuchémoslo y identifiquemos sus necesidades para crear oportunidades positivas. Privilegiemos la construcción positiva: identifiquemos qué necesita el otro y asumamos como propio ese motivador o necesidad para darle salida y crear una mejor manera de interactuar y trabajar.

 

El CIMAD es un nodo que escucha a las diferentes audiencias y talentos, y los conecta. Conciliamos y combinamos todos los elementos para construir la paz, tanto en nuestro papel como centro de investigación, como en nuestras propuestas académicas y publicaciones. Somos un agente de cambio para las personas, empresas y sociedades, y facilitador de la colaboración para crear un mejor mundo para todos.

Si vamos de la mano, mujeres y hombres podemos reconocer nuestras fortalezas y construir un mejor futuro; un camino nuevo común, a través de la unidad del trabajo.

Al sumar las fortalezas y cualidades de mujeres y hombres podemos solucionar problemas y atender los grandes desafíos, tanto en el trabajo, como en la familia y la comunidad.

La innovación requiere de cualidades diversas.

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Marzo 07 / 2022

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