Hoy charlamos sobre un tema cada vez más presente en las organizaciones: la introducción de inteligencia artificial y los comportamientos que esta tecnología empieza a detonar en las personas. Desde el área de control directivo y factor humano, observamos que, aunque la IA se presenta como una herramienta poderosa para generar datos, analizar procesos y mejorar decisiones, su implementación está generando reacciones inesperadas.
Algunos colaboradores la perciben como una amenaza, otros como una forma de vigilancia. Sin embargo, su verdadero valor no está en supervisar, sino en aprender: registrar comportamientos inadvertidos, convertirlos en información útil y tomar decisiones más inteligentes.
El reto no es solo técnico, sino humano. ¿Cómo usamos esta tecnología sin caer en la imposición? ¿Cómo la convertimos en una aliada para el aprendizaje organizacional y no en un símbolo de control? La clave está en la congruencia directiva, en entender que los resultados no se logran solo con métricas, sino con comportamientos alineados a una estrategia clara.