El tiempo es el principal capital que poseen las personas y, a diferencia del dinero, no puede recuperarse ni almacenarse. Su verdadero valor radica en habitar el presente y dotar de sentido a cada instante, transformándolo en experiencias significativas, vínculos profundos y recuerdos memorables.
Existe una diferencia clave entre el tiempo psicológico y el tiempo del corazón. El primero se mide en agendas, pendientes y relojes; el segundo se vive en plenitud, cuando se está realmente presente en lo que se hace. Es en este segundo donde el tiempo adquiere su mayor valor.
La verdadera inversión va más allá de acumular capital financiero. Consiste en dedicar tiempo a aquello que genera dividendos duraderos: crecimiento personal, aprendizaje constante, gratitud y relaciones auténticas. Son estos activos los que construyen una vida plena y con sentido.
Aprovechar el tiempo implica una decisión consciente: usarlo para convertirse en quien se está llamado a ser, con una vida lograda y una conciencia tranquila.