Las culturas de alto rendimiento, culturas esperanzadoras, culturas organizacionales. En los últimos años se ha vuelto cada vez más relevante reflexionar sobre cómo construir una cultura capaz de enfrentar la adversidad y la incertidumbre.
Cultura como escudo ante la incertidumbre
La percepción general es de inestabilidad: gobiernos que cambian de rumbo, líderes poco competentes y un futuro incierto. Ante este panorama, muchas organizaciones se preguntan cómo mantener viva su capacidad de mirar hacia adelante con esperanza. Una cultura es la suma de creencias y acciones compartidas por una comunidad que se autorregula. Lo interesante es que la cultura no se explica, se vive. Se detecta observando comportamientos, símbolos y expresiones cotidianas.
La cultura no se declara, se vive
La cultura actual valora la autenticidad, la informalidad y la expresión individual. Así, la cultura se manifiesta en lo cotidiano, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Podemos clasificar las culturas de forma sencilla:
- Culturas que resguardan el pasado, centradas en la tradición, la estabilidad y el respeto a lo establecido. Son conservadoras, ofrecen seguridad y continuidad, pero pueden resistirse al cambio.
- Culturas que se abren al futuro, enfocadas en la innovación, el cambio constante y la construcción de lo nuevo. Son dinámicas y evolucionan, pero pueden generar entornos volátiles e inciertos si no equilibran su impulso con claridad de rumbo.
Ambas tienen valor. La clave está en reconocer cuál predomina en tu organización y cómo equilibrarla para enfrentar los desafíos actuales sin perder identidad ni agilidad.