Decisiones tempranas que marcan el rumbo
Lorena Ochoa relata que tuvo la fortuna de tomar decisiones importantes a una edad muy temprana. Aunque podría parecer injusto que una joven de 14, 16 o 17 años deba decidir sobre asuntos trascendentes, subraya que lo valioso era la posibilidad de rectificar: si a los 23 años el proyecto no hubiera funcionado, siempre habría existido la opción de llevar una vida distinta y dedicarse a otras actividades.
Aprender de lo que no quieres
En el tema de la maternidad, la golfista mexicana sostiene que muchas veces se define lo que se quiere al observar aquello que no se desea repetir. Ver a alguien que bebe de más, que habla sin medida, que difunde chismes o actúa con ventaja permite reconocer lo que no se quiere para la propia vida.
El valor de observar y decidir
Para la exgolfista, observar a los demás es fundamental para delimitar lo que no se quiere. Por eso, se prometió no quedarse jugando golf para siempre, sino buscar otras experiencias. Expresa el deseo de que Dios le conceda muchos años más para seguir desarrollando proyectos valiosos. En su momento fue claro: llegó el instante de retirarse y dedicarse a ser mamá.
La culpa y el equilibrio profesional
La deportista señala que muchas mujeres activas profesionalmente suelen sentir una culpa que no les corresponde. Su estrategia es doble:
1. Compartir actividades y ayudar a los demás, lo que le da felicidad y plenitud.
Integrar a sus hijos en algunos eventos deportivos: aunque los torneos implican sacrificios —viajes de madrugada, largas jornadas—, ha aprendido a llevarlos a ciertos compromisos; ellos se sienten orgullosos y felices. La clave es tener paciencia en los momentos difíciles y compartir lo más posible para que se sientan parte del equipo.
2. Escuchar la voz interior y actuar
Lorena Ochoa afirma que no basta con escuchar la voz interior: hay que tener el valor de hacer cambios. Estos traen consecuencias —no siempre fáciles—, pero si a largo plazo son necesarios, se debe actuar. Recuerda cuando anunció a sus padres: “Voy a abrir una fundación”. Aunque dudaron —“No eres famosa, no tienes dinero”—, estaba convencida de que jugar por algo más grande, más bello y más importante valía la pena.
El poder de una causa social
La filántropa sostiene que fundar una organización le cambió la vida. El golf se convirtió en una herramienta para transformar la educación y el futuro de niñas y niños. Nunca quiso ser recordada solo como “la golfista Lorena Ochoa”, sino como alguien que, fuera del campo, impulsa causas más valiosas e inspiradoras. Involucrarse en un proyecto social —afirma— cambia la vida, da plenitud y recuerda la responsabilidad como personas. Lo más valioso que puede hacerse es comprometerse con algo que trascienda.




