¿Está la tecnología al servicio del ser humano?
La tecnología ha impulsado enormes avances. Hoy en día, la esperanza de vida ha aumentado considerablemente: antes era común vivir entre 40 y 75 años; ahora, llegar a los 90 años es cada vez más frecuente. Sin embargo, este progreso convive con tensiones globales: disputas por la supremacía tecnológica, nuevas formas de mercado, comunicación y negociación. Ante este panorama, surgen dudas legítimas sobre si la tecnología está verdaderamente al servicio del ser humano.
Avances que curan, pero también excluyen
Se requiere una mayor conciencia ética para que los avances tecnológicos contribuyan a una vida mejor para todos. La tecnología —desde el uso de big data hasta herramientas de diagnóstico predictivo— puede mejorar la calidad de vida y promover empleos más dignos. Pero sin una intención clara de inclusión, sus beneficios pueden concentrarse solo en unos cuantos.
Robotización y desigualdad: una tensión silenciosa
El énfasis en la eficiencia y los márgenes de productividad ha llevado a muchos sectores empresariales a optar por la robotización. Si bien esto puede significar crecimiento económico y reducción de costos, también implica el desplazamiento de trabajadores, especialmente de aquellos en la economía informal.
Esta transformación deja atrás a quienes no logran integrarse al entorno digital, generando una brecha social preocupante. Una parte significativa de la población queda rezagada, conformando un nuevo estrato social con acceso limitado a oportunidades. Esto plantea una pregunta urgente: ¿puede haber verdadero progreso si ese avance excluye a muchos?
La tecnología ha revolucionado la forma en que vivimos y trabajamos. Pero su desarrollo debe ir acompañado de una visión ética que garantice inclusión. El reto no es solo innovar, sino asegurar que ese progreso tenga rostro humano.
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