La empresa como agente de cambio

Junio 23 / 2020

Luis Felipe Martí Borbolla

Profesor del área de Factor Humano

Luis Felipe Martí Borbolla

Profesor del área de Factor Humano

Junio 23 / 2020

El propósito de las empresas va más allá de generar negocio y buenos rendimientos. Su papel también consiste en ser fuente del desarrollo personal de los colaboradores y agente de transformación social.

Un océano rojo lleno de tiburones: así han descrito el escenario empresarial muchos profesores de escuelas de negocios. Ahí, en ese océano rojo donde existe una altísima competencia, los escualos –frenéticos por generar resultados a toda costa– luchan entre sí por las pocas “presas libres” que quedan. Ganarle a la competencia, contender en el mercado existente y explotar al máximo la demanda del mercado son algunas de las estrategias utilizadas en el océano rojo, de acuerdo con Sarah Layton, fundadora y CEO del Instituto de Estrategia Corporativa, con sede en Orlando, Florida.

Pero esta es solo una visión reduccionista de lo que es una empresa. En realidad, una empresa es una auténtica comunidad de personas que buscan un sentido, aportar y sentirse útiles y realizadas.

El pensamiento del teólogo y filósofo italiano Tomás de Aquino (1224-1274) es rico en lecciones para las empresas que se definen como socialmente responsables, pues rehabilita y da sentido al trabajo, que puede ser fuente de armonía, desarrollo personal y caridad.

En su tratado de teología la Suma teológica (Summa Theologiae, en latín), Tomás de Aquino hace una reflexión sobre los porqués del trabajo y reconoce cuatro motivos: uno principal y tres auxiliares. El primero es asegurar la subsistencia del colaborador y de las personas que dependen de ella, evidentemente. 

Este motivo se repetirá en el artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualquier otro medio de protección social”.

Aunque este artículo se refiere al trabajo en general, se aplica muy bien al mundo de la empresa como creadora de fuentes de empleo y oportunidades de trabajo. La subsistencia es considerada como un motivo principal porque le da al trabajo carácter de necesidad.

Los otros tres objetivos auxiliares son suprimir la ociosidad, refrenar los malos deseos (vicios, adicciones, comportamientos limitantes) y hacer posible compartir las propias riquezas con los demás (dar limosna).

 

A la luz de estos principios, la empresa tiene una gran misión como generadora de oportunidades para ayudar a sus colaboradores a mejorar su calidad de vida y permitirles una existencia conforme a la dignidad humana.

Por supuesto que este artículo no pretende quedarse en el plano teórico y hacer la vista gorda a los numerosos abusos laborales que se pueden dar y se dan dentro del mundo de la empresa, pero estas consideraciones nos permiten ver más allá de lo negativo y hacer conciencia de que la empresa es un foco importantísimo de desarrollo humano y social; incluso a nivel personal permite ocupar productivamente el tiempo y no derrocharlo o emplearlo en malas prácticas, como vicios que degradan finalmente a la sociedad.

Si se desarrolla una mejor cultura empresarial y emprendedora, especialmente por parte de las clases medias, como está sucediendo actualmente en países latinoamericanos, se podrían reducir los altos porcentajes de diferencia socioeconómica entre clases sociales, como lo indica el coeficiente de Gini, la medida más común de desigualdad.

De acuerdo con el informe especial sobre América Latina Tan cerca y tan lejos, publicado por The Economist en septiembre de 2010, en Brasil y México el coeficiente de Gini ha estado disminuyendo desde mediados de los 90.

En nuestro país, los préstamos para vivienda casi se triplicaron entre 1998 y 2006, y se han construido más de 7 millones de viviendas nuevas durante la última década.

Tradicionalmente, la clase media en América Latina estaba empleada en el sector público, pero la nueva clase media baja es más emprendedora, aunque muchos de sus miembros sigan trabajando en la economía informal. Además, aspiran a tener una casa propia, un automóvil, un teléfono celular, una computadora, televisión de paga y visitas constantes al cine.

 

La empresa como fuente de desarrollo personal

La idea es fomentar una cultura empresarial que sirva como motor de desarrollo de la sociedad y que permita a las personas sentirse productivas y que sus ideas sean realmente tomadas en cuenta. Si no tienen toda la estructura y el sustento que da una organización o empresa, los trabajadores pueden verse muy limitados en sus recursos y posibilidades para lograr hacer un verdadero cambio en sus vidas.

Gracias a los avances tecnológicos, actualmente se puede fomentar una cultura empresarial de mejor manera. Un ejemplo es el caso de algunos granjeros africanos, que hoy tienen acceso rápido a los precios de mercado de las cosechas, gracias a los teléfonos celulares. De esta manera pueden vender a mejores precios y obtener mayores ganancias.

SAB Miller, una de las cervecerías más importantes del mundo, creada por la fusión de South African Breweries y Miller Brewing Company, ha aprovechado el sabor local de las cervezas caseras, haciéndolas con insumos baratos, como el sorgo, en lugar de cebada, mientras se adapta la tecnología moderna y promueve el desarrollo económico local.

Este ejemplo, como muchos otros en el mundo, apunta a ver la labor de una empresa descubierta del prejuicio puramente materialista y autorreferencial, para regresarle su sentido más noble y con un evidente impacto social: la empresa como fuente de desarrollo personal. 

Junio 23 / 2020

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