Sociedad civil organizada y programas sociales

Junio 27 / 2019

Ana Cristina Dahik Loor

Profesor del área de Entorno Político y Social

Ana Cristina Dahik Loor

Profesor del área de Entorno Político y Social

Junio 27 / 2019

Hablar de una sociedad civil organizada, implica hablar del estado de la democracia en un país. Su propósito es la provisión de bienes y servicios para la sociedad, y su valor va más allá de una transacción monetaria.

Es un espacio en el que las virtudes humanas y el altruismo tienen su razón de ser. Para cualquier empresario, unirse a los proyectos de sociedad civil organizada, tiene un significado positivo que mejora el bienestar general de su comunidad y por ende el de su organización.

Proyectos de una sociedad civil organizada

Hoy en día, los modelos más sofisticados del sector non-profit en otras partes del mundo nos enseñan que es una buena idea voltear la mirada hacia proyectos de sociedad civil organizada como una cuna de soluciones estratégicas para resolver los problemas sociales más complejos. Prueba de esto, es que el Objetivo 17 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible “Alianzas para el Desarrollo” afirma que:

Con los incentivos adecuados, el sector social a través de las organizaciones de la sociedad civil puede acumular un know-how muy particular y pertinente para estrategias de desarrollo global y local. El involucramiento del empresariado en proyectos de la sociedad civil organizada se puede plasmar en el
marco de un abanico de estrategias y opciones que van desde un nivel filantrópico (en el que el intercambio de recursos es más unidireccional) hasta un nivel transformacional en el que las soluciones provienen de un intercambio de know-how, recursos y experiencias que en conjunto crean algo que no hubieran podido llevar a cabo solos.

En su artículo “El ecosistema del valor compartido”, Kramer y Pfitzer (2016) hablan del concepto de impacto colectivo. Afirman que los problemas sociales surgen y persisten debido a una combinación compleja de acciones y omisiones de participantes en todos los sectores. Esto puede llegar a resolverse únicamente con los esfuerzos coordinados de los participantes, desde empresas hasta agencias gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil e integrantes de poblaciones afectadas. Lo que más se requiere es cambiar la manera en la que funciona el sistema.

Beneficios e integración a los programas

Al interior de las empresas, los esfuerzos colaborativos generan dinámicas con resultados trickle-down, es decir, que se van permeando con los distintos stakeholders de la organización, hasta generar una nueva cultura de interacción con la sociedad. Las empresas adquieren nuevas competencias a partir del conocimiento que surge de la colaboración con estas organizaciones.

Lo importante detrás de las alianzas entre empresa y sociedad civil, es que es tan valioso el proceso como el resultado. Es decir, aprender a colaborar es aprender a ver los problemas de forma distinta, aprender a trabajar como sistema, como sociedad.

Un buen punto de partida para las empresas es pensar en las capacidades y recursos que desde su modelo de negocios y cadena de valor pueden aportar para resolver problemas sociales. Por dar un ejemplo, una empresa de la industria farmacéutica tiene mayor capacidad (y por ende, responsabilidad) para involucrarse en problemas de obesidad infantil que una empresa del sector energético. Una vez identificados los problemas sociales más cercanos a la realidad empresarial, un siguiente paso es detectar a los aliados indicados que complementen ese quehacer de forma colaborativa.

Un claro ejemplo de cómo es posible resolver problemas sociales a través del modelo de negocios de la empresa es el caso de Proyectos Productivos de Toks. La cadena de restaurantes mexicana ha logrado integrar en su cadena de valor a cientos de productores de comunidades indígenas a quienes capacita, formaliza e incentiva para comercializar sus productos (no solamente con Toks sino con otros compradores también). Toks gana porque sus productos son cada vez mejores, más orgánicos, frescos y de mayor calidad, y por su parte, las comunidades obtienen empleos y desarrollan sus capacidades.

El número de empresas que empiezan a potencializar su capacidad de generar múltiples formas de valor en México va en incremento. Nuevamente, un ejemplo es Toks, pues ha permeado en distintas esferas su quehacer empresarial implementando estrategias de valor social hacia sus stakeholders. También hay quiénes desde sus propios modelos de negocios desafían los límites a través de esquemas híbridos de creación de valor.

Tal es el caso de Prison Art, compañía fundada con el propósito de crear un amplio programa de rehabilitación en penitenciarías mexicanas. La organización desarrolló un plan de capacitación que ofrece las habilidades de arte y diseño necesarias para que las personas encarceladas trabajen en la producción de productos de moda de alta calidad. Como estos, afortunadamente, encontraremos muchos otros ejemplos y es responsabilidad de los líderes y directivos poner atención al tema y estudiar las opciones que podrían aplicar a su empresa.

La complejidad de problemas sociales que enfrentamos en la actualidad, requiere de una reflexión profunda hacia soluciones concretas en las que definitivamente estén incluidos múltiples sectores. Esto significa un gran desafío con oportunidades hacia la innovación, la creación de nuevas formas de hacer empresa y, por ende, nuevas formas de construir sociedad. Con este tipo de prácticas, ganamos todos.

Referencias:
Kramer, M. R., & Pfitzer, M. W. (2016). The ecosystem of shared value. Harvard Business Review.
Naciones Unidas (2019). Objetivo 17: Revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible.
Consultado en: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/globalpartnerships/

 

[Lee también: Tendencias socioculturales del siglo XXI]

 

Junio 27 / 2019

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