Derechos humanos y familia: una relación inseparable

Mayo 26 / 2021

Luis Felipe Martí Borbolla

Profesor del área de Factor Humano

Luis Felipe Martí Borbolla

Profesor del área de Factor Humano

Mayo 26 / 2021

Derechos humanos y familia.- La familia es clave para la comprensión y el funcionamiento de la sociedad. A través de ella, la comunidad no solo se provee de sus miembros, sino que se encarga de prepararlos para que cumplan satisfactoriamente el papel que les corresponde. 

La familia y los derechos humanos son dos instituciones íntimamente relacionadas. La familia, como institución natural que constituye una comunidad de vida en la cual se recibe la formación humana integral. La segunda, porque recoge las aspiraciones naturales de la humanidad y las plasma en la norma jurídica. Ambas surgen de la propia naturaleza humana. 

 

La familia es la institución humana más antigua y constituye un elemento clave para la comprensión y el funcionamiento de la sociedad. A través de ella, la comunidad no solo se provee de sus miembros, sino que se encarga de prepararlos para que cumplan satisfactoriamente el papel que les corresponde. 

 

Definición de derechos humanos y familia

Los derechos humanos se definen como el conjunto de derechos civiles, económicos, políticos, sociales y culturales que pertenecen a toda persona por su condición de tal, y los Estados deben respetarlos y garantizarlos por todos los medios democráticos y legales a su alcance. Los derechos humanos son universales, indivisibles, interdependientes e irrenunciables. Su fundamento reside en la dignidad humana y se asientan básicamente en dos pilares: igualdad y no discriminación, según señalan los profesores e investigadores Carlos Eroles y Héctor Angélico, en su libro Familia(s), estallido, puente y diversidad: una mirada transdisciplinaria de derechos humanos

 

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha definido un amplio abanico de derechos humanos aceptados internacionalmente: derechos civiles, políticos o cívicos, económicos, sociales y culturales. 

 

Los derechos civiles incluyen derecho a la vida, derecho a la libertad física y a sus garantías procesales, derecho a las libertades religiosas, derecho a la educación, derecho de expresión y de reunión, derecho a la igualdad, derecho a la propiedad y derecho a la inviolabilidad del domicilio.

 

Los valores que buscan defender y proteger este tipo de derechos civiles, es decir, en lo relativo a las personas, los vínculos jurídicos entre ellas y con los bienes a nivel privado, se cultivan y desarrollan dentro del núcleo familiar. La familia no solo es la célula de la sociedad, sino el motor que permite su desarrollo armónico y funcionamiento. 

 

Los derechos políticos o cívicos son el derecho a la nacionalidad y el derecho a participar en la vida cívica del país.

 

Como consecuencia de no respetar el derecho a participar en la vida cívica del país, naciones como China sufren una grave fuga de “cerebros”. De los más de 170,000 estudiantes e investigadores chinos que han marchado al extranjero desde 1978, solo la tercera parte ha regresado a su país. Esa es la razón por la cual el gobierno chino ha emprendido una campaña para atraer a los intelectuales que están fuera, especialmente en Estados Unidos. Beijing promete una subida de salarios y mejores viviendas. Además, el gobierno publicó recientemente una declaración dirigida a los disidentes exiliados, en la que afirmaba que volverá a acogerlos, siempre que cesen en sus actividades contra el régimen.

 

Los destinatarios del mensaje no confían en tales promesas. No olvidan el caso de Shen Tong, uno de los dirigentes de la revuelta estudiantil de Tiananmeng, quien huyó a Estados Unidos después de la matanza –más de 5,000 muertos en 1989– en la plaza y decidió regresar a Beijing en julio de 1991. Pudo moverse libremente durante unos días, hasta que fue detenido sin que el régimen diera explicaciones. Se piensa que el motivo fue que Shen Tong estaba intentando crear una organización a favor de los derechos humanos.

 

La familia juega un papel toral en la participación cívica del país, ya que es en su propia órbita donde se enseñan y se aprenden las virtudes más elementales de la convivencia y el respeto. 

 

Entre los derechos económicos se incluyen el derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, y el derecho a un nivel de vida adecuado.

 

En un artículo que publicara la revista Newsweek, en su edición del lunes de la segunda semana de mayo de 1997, se señala que “en el mundo hay 400 multimillonarios con más riquezas que la mitad de la población mundial junta”. También nos hablaba de 500 millones de personas que sufren hambre y malnutrición. Así es como estábamos cerrando el final del siglo XX, pero en vez de mejorar, la situación se ha agudizado. La brecha entre ricos y pobres ha aumentado.

 

El mismo Giddens, en su libro Un mundo desbocado: los efectos de la globalización en nuestras vidas, señala los desequilibrios económicos del mundo actual e indica la importancia de rescatar temas como la tradición y la familia para enfrentar las desventajas de la supuesta “mundialización” de los sistemas financieros.

 

Entre los derechos humanos y familia, están el derecho al trabajo y a su libre elección, el derecho a la seguridad social y a la alimentación, y el derecho a la protección social en casos de necesidad (seguridad social, bajas laborales, desempleo, jubilación, maternidad, infancia).

 

Hechos que hacen patente la fragilidad de la protección de estos derechos sociales son los actos terroristas en territorio estadounidense que se han incrementado un 200% en los últimos 10 años, antes del gran golpe que supuso el ataque al World Trade Center del 11 de septiembre del 2001. Algunos ejemplos de estos actos terroristas son los siguientes:

 

  • El viernes 26 de febrero de 1993 a las 12:00 horas, una bomba explotó en el estacionamiento subterráneo de las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York. La explosión dejó seis muertos, más de mil heridos y daños por 500 millones de dólares.

 

  • El 19 de abril de 1995 se dio el peor ataque terrorista hasta ese momento en la historia de Estados Unidos. En Oklahoma, enfrente de un edificio federal, un coche bomba ocasionó la muerte de más de 180 personas (dos años después de la masacre de Waco Texas, que sucedió el 19 de abril de 1993). 

 

  • Durante 18 meses, 32 iglesias pertenecientes a congregaciones religiosas de la comunidad afroamericana en el sur de Estados Unidos fueron incendiadas, durante la administración del presidente Bill Clinton.

 

  • El miércoles 17 de julio de 1996 a las 8:47 hora local, el vuelo 800 de la línea aérea TWA de la ruta Nueva York-París explotó en pleno vuelo minutos después de haber despegado del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York. Todas las investigaciones apuntaron a una acción terrorista (alrededor de 200 muertos).

 

  • El sábado 27 julio de 1996, en el parque centenario olímpico de Atlanta, durante un concierto de rock, una explosión dejó un saldo de cuatro muertos y más de 100 heridos. La atención se ha centrado sobre grupos radicales de extrema derecha.

 

Es una constante que se presenta entre los grupos terroristas: la mayoría de sus miembros han sido educados en el odio y proceden de familias rotas o desintegradas. El jurista español Álvaro D’ors señala que la raíz de la Patria no está en el pueblo, como lo quiso ver Vázquez de Mella, lo que insensiblemente nos lleva a la nación soberana, sino en la familia; de ahí la importancia de entender la sociedad civil como comunidad de familias.

 

Entre los derechos culturales se encuentran el derecho a participar en la vida cultural de la comunidad y el derecho a la educación.

 

La realidad de nuestra sociedad contemporánea, especialmente por las consecuencias de la globalización y de un capitalismo desequilibrado, ha dado lugar a un largo distanciamiento social, que a su vez implica exclusión social. Las grandes capitales del mundo se han convertido en ciudades multiculturales en las cuales la diversidad no va a acompañada necesariamente de aceptación e inclusión. Es aquí donde la familia ocupa un lugar crucial al momento de generar identidad y pertenencia al grupo para no difuminarse en la masa.

 

El conflicto parece ser inherente a la relación entre grupos étnicos, entendidos como aquellos que poseen un ámbito de cultura autónoma a partir del cual definen su identidad, mantienen una continuidad histórica porque se reproducen biológicamente y tienen un patrimonio cultural heredado que el grupo produce y reproduce. Pero el conflicto, más que ser suscitado por el inmigrante, está en la sociedad como una constante. 

 

De acuerdo con Eroles y Angélico, el modernismo, pese a todos sus adelantos tecnológicos, no avanzó en lo humano. Por el contrario, está teñido de sangre. No termina una guerra cuando ya comienza otra porque hay que mantener la industria de la guerra. Los hombres destruimos lo que con esfuerzo construimos. Todavía no hemos aprendido a preservar las culturas paralelas junto a la autóctona, sin que ello implique generar ghettos. Todavía no hemos aprendido a convivir más con lo que nos une que con lo que nos separa.

 

Como elemento natural y fundamental de la sociedad, a la familia debe concedérsele la más amplia protección y asistencia posibles, especialmente para su constitución y mientras sea responsable del cuidado y la educación de los hijos a su cargo. Por tanto, la familia y sus miembros tienen derecho a un nivel de vida adecuado y, para ello, debe haber condiciones de existencia dignas en los aspectos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales.   

 

[Lee también: Oportunidad de reencuentro con la familia]

Mayo 26 / 2021

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