Empresas ciudadanas

Abril 23 / 2021

Luis Felipe Martí Borbolla

Profesor del área de Factor Humano

Luis Felipe Martí Borbolla

Profesor del área de Factor Humano

Abril 23 / 2021

Empresas ciudadanas.- El concepto de ciudadanía corporativa está adquiriendo mayor importancia. Las empresas también son parte de una sociedad y conllevan cierto tipo de responsabilidades y compromisos con ella.

El término “ciudadanía” ha evolucionado significativamente desde la construcción de las primeras grandes urbes en la antigüedad. Aristóteles (s. IV a.C.) fue uno de los primeros grandes autores que reflexionó sobre la ciudadanía en toda su obra de filosofía política y, posteriormente, Cicerón (s. II a.C), con el auge de la cultura romana. 

 

En la filosofía clásica, la ciudadanía concibe la realidad del ser humano como un ser social, que desde su nacimiento está implicado en numerosas relaciones con su entorno, ya sean las condiciones climáticas, ambientales y naturales, así como con las diferentes personas con las que convive y se desarrolla. De esta realidad evidente y empírica surge la reflexión sobre qué tipo de participación tiene que tener el individuo en la comunidad y la comunidad en el individuo. Así nace la democracia.

Concepción de Aristóteles en empresas ciudadanas

 

La concepción que tenía Aristóteles de la ciudadanía estaba relacionada con la naturaleza social del ser humano, el cual no puede llegar a su plenitud si no es dentro de una comunidad. Sin embargo, Cicerón estipula una dimensión mucho más amplia de la ciudadanía; una dimensión hacia un horizonte más global: la humanidad en general. De esta manera se expanden las fronteras y las leyes de la ciudadanía de un solo Estado, hacia una interconexión más internacional.

 

En este contexto, las empresas no pueden verse como organismos aislados y carentes de un impacto en su entorno, ya que desde los inicios de la civilización se tiene clara la interdependencia social y con el ambiente. Además, la ciudadanía era vista como la oportunidad de participar en la vida pública, con la responsabilidad de velar por los intereses de la comunidad.

 

Dentro de la tradición aristotélica, las empresas comerciales pueden verse como una parte integral de la sociedad. En esta tradición, el concepto clave de ciudadano es la “participación”, más que los derechos individuales, como ocurre en el actual Estado liberal. Para Aristóteles, ser ciudadano es básicamente tener “el derecho a participar en la vida pública del Estado, más en el cumplimiento de un deber y una responsabilidad de velar por los intereses de la comunidad”.

 

Las empresas también son ciudadanos

La ciudadanía corporativa es la consideración de que las empresas también son parte de una sociedad y conllevan cierto tipo de responsabilidades y compromisos con ella. De hecho, las empresas ciudadanas no pueden existir fuera de una sociedad que les proporciona todo tipo de recursos (materiales, ubicación, infraestructura, mano de obra, interconexión, servicios en general…). Al mismo tiempo, ellas ofrecen una oportunidad de desarrollo y de generación de riqueza para sus individuos.

 

En su libro Business Ethics in Action. Seeking human excellence in organizations, el profesor emérito del Departamento de Ética Empresarial y titular de la Cátedra de Ética Empresarial del IESE, Domènec Melé, explica que el término de ciudadanía corporativa se introdujo en la década de 1980, para indicar prácticas corporativas filantrópicas y la preocupación de los negocios por la comunidad en la que operaban.

 

En la década de 1990, este concepto se hizo cada vez más popular debido, en parte, a ciertos factores que transformaron la relación entre empresa y sociedad, como la globalización, la crisis del estado del bienestar y el poder de las grandes multinacionales.

 

Instrumentar una estrategia de sustentabilidad

Las empresas que actúan como ciudadanos se sienten parte de una colectividad que necesita de ellas y además les permite subsistir. Es por ello que requieren de una buena estrategia de sustentabilidad en la cual sus directivos tengan una fuerte consciencia de su participación en la sociedad y de los beneficios que esto les brinda. En este sentido, una buena estrategia llevará a la globalidad del negocio e incluirá las mejores prácticas de ciudadanía para que la sociedad se siga desarrollando y mejorando sus condiciones. 

 

Es importante que dentro de las empresas se fomente una actitud de mayor proactividad y protagonismo en la sociedad, fuera de un esquema de pensamiento autorreferencial o narcisista. A diferencia de los individuos, las empresas tienen mayor poder de influencia y alcance en su entorno, pero también mayor responsabilidad en el uso de los recursos para asegurar un presente y futuro sustentable.

 

La realidad de una sociedad mucho más interconectada e interrelacionada, gracias a las nuevas tecnologías de información y comunicación y a la globalización, permite lograr con mayor éxito las iniciativas de impacto social. En muchos aspectos, la economía no solo depende de una nación, sino de una serie de cadenas de suministro y de valor interrelacionadas. Vivimos una ciudadanía auténticamente mundial dentro de la economía globalizada.

 

Para el comentarista político Thomas Friedman, la globalización implica la integración de las empresas y las economías nacionales en una economía global. En su libro El mundo es plano. Breve historia del siglo XXI, Friedman sostiene que, gracias a la globalización, ahora el mundo es plano; es decir, el mundo es como un campo de juego nivelado en términos de comercio, en el que todos los competidores, excepto por el trabajo, tienen las mismas oportunidades.

 

Ante una mayor apertura del mundo, gracias a la globalización, el concepto de ciudadanía corporativa adquiere mayor importancia. Si las empresas están abiertas al mundo –o van a abrirse–, tienen que hacerlo de manera responsable y respetuosa. 

 

La responsabilidad social ya no es un tema que pueda pasar por irrelevante en la práctica empresarial. Cada vez más, la sociedad está evolucionando hacia una postura mucho más inclusiva y defensora de los valores de todos. Lograr la armonía en estas diferentes relaciones laborales, tanto a nivel interno como externo, es una auténtica prioridad para que las empresas y la sociedad sean suficientemente sustentables en el futuro.

 

[Lee también: Empresas generadoras de negocio y de progreso social]

Abril 23 / 2021

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