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Empresas sustentables y sostenibles

Marzo 25 / 2021

Luis Felipe Martí Borbolla

Profesor del área de Factor Humano

Luis Felipe Martí Borbolla

Profesor del área de Factor Humano

Marzo 25 / 2021

Empresas sustentables y sostenibles para el desarrollo económico.- Trabajar de la mano del desarrollo  en empresas sustentables y sostenibles es una gran opción para las empresas que tienen la visión de lograr un entorno en el que se pueda vivir con calidad y de una manera más responsable.

¿Sustentable o sostenible? Con la creación de nueva literatura relacionada a este tema, se ha desarrollado un debate en cuanto al uso de estos dos términos. “Sustentable” proviene del inglés sustainable y se refiere a un cierto dinamismo y perdurabilidad en el tiempo. “Sostenible” proviene del verbo en español “sostener” y denota un significado más estático: “detener o mantener firme”.

 

Lilly Wolfensberger Scherz, autora del libro Sustentabilidad y desarrollo: suficiente siempre, define la connotación dinámica de empresas sustentables: “Es el esfuerzo necesario para que un proceso dinámico se mantenga, superando los escollos que pueda encontrar; obliga, por lo tanto, a la identificación de las condiciones necesarias para que el sistema no solo sobreviva, sino para que pueda seguir avanzando”.

 

Generalmente, el término “sustentabilidad” se relaciona con el desarrollo económico y comercial; es decir, el desarrollo sustentable. A este respecto, una de las características que tiene la definición de “economía” es que los recursos que se administran son escasos. Además, nadie en ninguna parte del mundo cuenta con recursos ilimitados de ninguna clase. Un caso emblemático es el petróleo, que ha dado lugar a continuas problemáticas desde los años 70, debido a las barreras que se impusieron a su accesibilidad.

 

El desarrollo de las naciones sustentables no está peleado necesariamente con el abuso de estos recursos, pero se debe ser muy responsable con su administración para que se pueda hablar de un futuro a mediano y largo plazos. Vivimos en un mundo interconectado que requiere de una coordinación y colaboración entre todas las entidades nacionales e internacionales para hacer el uso más inteligente y perdurable de los recursos disponibles en el planeta. 

 

En 1987, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reunió a participantes de varias naciones para redactar un informe en el que se analizaran, evaluaran y se replantearan las políticas del desarrollo económico de los países. Esta iniciativa quería dar una respuesta clara al alto costo medioambiental generado por el desarrollo económico en la segunda mitad del siglo XX. El informe se tituló Our Common Future y fue encabezado por la primera ministra noruega de entonces: Gro Harlem Brundtland (de ahí que el informe también sea conocido como el informe Brundtland). 

 

En este informe se utiliza formalmente por primera vez el término de “desarrollo sostenible”: aquel que satisface las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

 

A través de este tipo de acciones y esfuerzos se consigue una manifestación clara de responsabilidad social a nivel mundial de lo que las generaciones futuras heredarán de la generación presente. No hay mejor forma de instaurar una cultura de responsabilidad que a través de un esfuerzo concreto y conciso que genere una mayor consciencia a nivel global.

 

Desde entonces han cobrado gran importancia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), conocidos también como SDG, por sus siglas en inglés (Sustainable Development Goals), surgidos a partir de las iniciativas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. 

 

Los Objetivos del Milenio fueron establecidos en el año 2000 por los países miembros de la ONU. Consistían en ocho propósitos de desarrollo humano sustentables fijados como metas a conseguir en el año 2015: erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza primaria universal; promover la igualdad de los géneros y la autonomía de la mujer; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna; combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades; garantizar la sostenibilidad del medioambiente; y fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

 

Los ODS surgieron como una continuación de esta agenda y se ampliaron a 17 objetivos con 169 metas a alcanzar para el año 2030. Su finalidad es atacar con más eficacia las causas fundamentales de los problemas sociales, especialmente la pobreza, y lograr un desarrollo universal a favor de todos.

Puntos a considerar en empresas sustentables y sostenibles

 

A raíz de este análisis y planeación estratégica para erradicar los problemas sociales se descubren tres dimensiones básicas de un buen desarrollo sustentable:

 

Crecimiento económico: fin de la pobreza; hambre cero; trabajo decente y crecimiento económico; industria, innovación e infraestructura; y ciudades y comunidades sostenibles.

 

Inclusión social: salud y bienestar para todos; educación de calidad; igualdad de género; reducción de las desigualdades; paz, justicia e instituciones sólidas; y alianzas para lograr los objetivos.

 

Protección del medioambiente: agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, producción y consumo responsable, acción por el clima, vida submarina y vida de los ecosistemas terrestres. 

 

Se ha mencionado ampliamente el acierto que tienen los ODS al incluir en la agenda de desarrollo medios concretos de aplicación, como la movilización de recursos financieros, el desarrollo de capacidad y tecnología, el manejo de datos, y las instituciones involucradas en estos objetivos. Estas nuevas metas consideran que un problema fundamental es la lucha por afrontar el cambio climático para erradicar la pobreza y conseguir el desarrollo sustentable. 

 

Los efectos del cambio climático ya se están empezando a percibirse en todos los continentes. Las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando y, si seguimos así, pronto resentiremos los efectos más peligrosos del cambio climático: aumento del nivel del mar, desaparición de glaciares, olas de calor, sequía, especies en extinción, destrucción de ecosistemas, inestabilidad económica, enfermedades y guerras.

 

El cambio climático es, sin duda, uno de los principales retos estratégicos de las empresas para proteger el futuro de la población y del planeta. La ONU estima que el costo anual de los desastres naturales está entre 250,000 y 300,000 millones de dólares. Estos fenómenos, además, frenan el progreso de millones de ciudadanos. 

 

Aunque toda la sociedad tiene la responsabilidad de contribuir al desarrollo sustentable –y sostenible–, las empresas desempeñan un papel crucial en este objetivo. Su impacto en el bienestar colectivo e individual es clave: ayudan a mejorar la vida de las personas mediante los productos que ofrecen y los servicios que prestan, contribuyen al desarrollo económico y social, y su actividad tiene un efecto directo sobre el entorno y el medio ambiente.

 

Trabajar de la mano del desarrollo sustentable y sostenible es una gran opción para las empresas que tienen la visión de lograr un entorno en el que se pueda vivir con calidad y de una manera más responsable.

 

[Lee también: Ventaja colaborativa: el arma de las empresas ganadoras]

Marzo 25 / 2021

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