Oportunidad de reencuentro con la familia

Abril 28 / 2020

Ricardo Aparicio Castillo

Director del área de Factor Humano

Ricardo Aparicio Castillo

Director del área de Factor Humano | Director del CIFEM | BBVA

Abril 28 / 2020

La mayoría de las pequeñas y medianas empresas que existen en México son negocios familiares y representan 99.7% de las unidades económicas del país, de acuerdo con el INEGI. Por eso es importante que, durante la crisis sanitaria, estos negocios fortalezcan los lazos familiares y construyan las bases para subsistir.  

La familia es el grupo humano más próximo que tiene toda persona para encontrar refugio, apoyo, consuelo, comprensión y aliento. La solidaridad natural que se da en el núcleo familiar es la fuerza que nos impulsa a ayudarnos mutuamente.

 

Pero el papel de la familia no solo es valioso desde la perspectiva emocional y espiritual; la familia también es fuente solidaria de soporte en momentos de crisis y prueba. Siempre se acude a la familia cuando hay problemas como desempleo, una situación financiera crítica, una enfermedad temporal o permanente, o cuando ocurre un accidente y se padece una discapacidad.

 

Con la crisis sanitaria y económica causada por el coronavirus en todo el mundo, la familia ha venido a fortalecer, aún más, sus lazos de unión y solidaridad, dejando los individualismos y problemas atrás para enfocarse en el bienestar de todos sus integrantes.

 

Sin embargo, este vínculo fraternal dentro de las familias debe extenderse a los negocios, sobre todo en las empresas familiares, pues la clase empresarial de México, al igual que la de otros países, está conformada fundamentalmente por negocios familiares.

 

En estos momentos inciertos, fundadores, dueños y líderes de empresas familiares deben cuidar y apoyar a sus empleados como si fueran parte de su familia, tanto moral como económicamente, puesto que son los propios colaboradores quienes sostienen su proyecto empresarial.

 

También es importante que las empresas familiares cuiden sus recursos y sobre todo del flujo de efectivo para que puedan retomar las operaciones cuando esta crisis termine. Pero hay que tener cuidado, ya que, por querer apresurar las cosas, a veces durante las crisis se destruye el negocio, y cuando se quiere volver a trabajar no hay colaboradores y ni dinero. 

 

Se tienen que cuidar los recursos financieros, pero sobre todo los humanos. Habrá que hacer un balance entre el corto y largo plazo, buscando apoyarse en las personas para lograr ambas cosas. Es en estos momentos cuando se tiene la oportunidad de construir una verdadera lealtad en la gente.  

Cuando los “rápidos” se multiplican

 

En un artículo escrito por Jacobo Levinsky, consultor certificado en empresas familiares y coach ejecutivo, el autor retoma las similitudes entre una empresa familiar y el canotaje en rápidos durante las crisis.   

 

Todos los pasajeros están sentados en el mismo bote, rebotando. Durante algunos trechos, el río fluye suavemente, la vista desde el bote es agradable y hay conversaciones y buen humor. Inevitablemente, en algunos puntos se oye el rugido de los rápidos y todos tienen que remar como locos para superarlos. Después de cada rápido, cuando vuelve la calma, los tripulantes se hacen dos preguntas: si todos los miembros de la familia siguen en el bote y si el bote sigue estando entero. 

 

Levinsky dice que estas son las preguntas que olvidan hacerse quienes comparten un negocio familiar. En las crisis, los rápidos se multiplican, obligando a los miembros de la familia a continuar remando constantemente para poder solventar la situación. Pero cada vez el esfuerzo es mayor, crece la incertidumbre, aumenta el riesgo y las ventajas de tener un bote propio, en el que se podría navegar en armonía y en forma agradable, cada vez van siendo menores.

 

Por fortuna, la cooperación y el apoyo son dos grandes características de las familias mexicanas. En épocas de crisis, muchas familias están dispuestas a hacer sacrificios por el bien del negocio, desde trabajar más o disminuirse la propia remuneración, hasta otorgar apoyos financieros que no siempre se ven en una empresa no familiar. Esta unión, sin duda, ayuda mucho a la familia y a la empresa para sacar adelante su proyecto.

 

Pero además de cuidar a sus colaboradores y su dinero, es fundamental que las empresas familiares sigan enfocadas en el futuro, sabiendo que la familia está unida y está cuidando a los empleados, que son el activo más importante de cualquier organización. También es momento de revisar proyectos y valorar las cosas que son importantes. En estos tiempos es importante mantener a la gente ocupada en cosas positivas para preparar el reinicio.

 

Hay que revivir el espíritu emprendedor con el que se inició el negocio. Por lo general, las compañías comienzan sin nada y, probablemente, cuando se reactiven (después de que pase esta situación), las empresas familiares volverán a empezar sin nada o con muy poco. Pero como alguna vez me dijo un empresario: “Con mi buen nombre, mis capacidades, mis conocimientos, las ideas que tengo y mis contactos, siempre puedo reiniciar”.

 

Claro que las crisis afectan, pero si el liderazgo y el espíritu emprendedor se mantienen intactos, las empresas saldrán adelante. Es durante las crisis cuando los líderes surgen y se hacen presentes. Las empresas familiares necesitan que sus líderes se hagan presentes, que tomen buenas decisiones para el largo plazo, actuando de manera prudente y correcta, pero siempre con optimismo y una visión de futuro que guíe las acciones de todos.

 

Prácticas positivas para familias y empresas

 

La principal acción que deben llevar a cabo las familias es cuidar su salud e integridad: estar atentos de que todos los integrantes tengan los medios suficientes para subsistir. Al hacer esto, las familias podrán reencontrarse con lo fundamental: el cariño, la solidaridad y el amor. Lo material va y viene, pero la familia y las relaciones, que a veces no parecen importantes, resurgen y asumen su verdadero lugar. 

 

Para quien tiene recursos, es una época de dar gracias, solidarizarse y ayudar a quien no los tiene. Es una época para revivir los valores que hacen que la vida tenga sentido, de revalorarnos como personas y de replantearnos qué es lo verdaderamente importante. Es una época de crear un ambiente de armonía, cariño, comunicación, paciencia, aliento, cooperación, comprensión y apoyo, porque estar juntos tanto tiempo requiere de una actitud positiva. 

 

Es una época de reaprender a convivir y recordar por qué se inició el proyecto familiar; de hacer cosas en familia, platicar, jugar, arreglar la casa, ser solidarios con los que nos rodean, apoyar a un familiar.

 

Es momento de plantearnos nuestras prioridades como personas y como empresas, ver a futuro y tomar las mejores decisiones para salir adelante lo más pronto posible.

 

[Lee también: Las virtudes y el líder empresarial]

Abril 28 / 2020

Newsletter

Otros autores
Profesor del área de Dirección de Operaciones
Profesor del área de Entorno Político y Social
Profesor del área de Entorno Político y Social
Profesor del área de Control e Información Directiva