La cuarta revolución tecnológica ¿es una amenaza? | Alejandro Salcedo-Romo

Febrero 26 / 2020

Alejandro Salcedo-Romo

Profesor del área de Factor Humano

Alejandro Salcedo-Romo

Profesor del área de Factor Humano

Febrero 26 / 2020

El futuro del trabajo está, al fin y al cabo, en manos de quien encabeza la operación de la empresa en beneficio de todos sus stakeholders.

El material periodístico y académico que busca describir el futuro del trabajo en las próximas décadas no es tranquilizador. Estudios de la consultora PwC1 anuncian que la automatización va a llegar a 34% de los puestos de empleo para 2030, en sectores como transporte, logística, industrial, alimentación y educación.

El Foro Económico Mundial planteó en 2018 un escenario francamente trepidante, en el que para 2022, desaparecerían unos 75 millones de empleos, pero emergerían otros 133 millones de puestos de trabajo diferentes.2

La amenaza de que las máquinas reemplazarán a los trabajadores existe desde el siglo XVIII en algunas partes del mundo. Pero hoy, con el ascenso de la inteligencia artificial y la ciencia de datos, el riesgo se amplia a puestos de trabajo que antes se consideraban “a salvo”. Ante ello, ¿qué debe considerar el director de empresa en este momento respecto al futuro del trabajo?

Hay que empezar por una afirmación “espanta lectores”: el director o los líderes de la empresa deben enfocar el asunto de las nuevas tecnologías con serenidad.

 

La ola tecnológica

 

El impacto de las nuevas tecnologías en la empresa es una realidad innegable, que por muchos es considerada con gran entusiasmo, mientras que otros la observan con cierto recelo. La forma en que debe actuar el director ante el “nuevo mundo” que supone los avances tecnológicos es con serenidad, una forma idónea de acción para el hombre de vértice.

En primer lugar, la técnica, como producto de la libertad humana, es una realidad ambivalente; es decir, por sí misma no es algo ni negativo, ni positivo (y mucho menos neutro). Cada avance técnico-científico lleva consigo la posibilidad.

Este punto resulta relevante, ya que se traduce en una invitación a la mujer y el hombre de empresa a asumir una actitud prudente ante los avances tecnológicos que tocan a la puerta de las compañías contemporáneas de forma acelerada y cada vez más frecuente, bajo la amenaza de dejar a nuestra empresa obsoleta, fuera de la “ola” de la cuarta revolución tecnológica.

Ante esta aceleración conviene asumir la actitud de serenidad; es decir, la actitud que reconoce la necesidad que tenemos de los avances de la técnica, pero partiendo de que la técnica encuentra su razón en el servicio al ser humano. La técnica está a nuestro servicio y al de la comunidad de personas que conforma la empresa.

La serenidad es una actitud de señorío, con la que le decimos sí y no a la técnica. Sí, al reconocer las aportaciones que suponen muchos de estos avances, los cuales permiten ser más eficientes, economizar, incrementar nuestra producción, mejorar nuestro servicio, conocer con mayor profundidad, ya no sólo nuestro mercado sino al cliente (con la personalización que nos permite el análisis del big data). Pero al mismo tiempo, la serenidad supone decir no, en la medida que reconocemos que estos avances no son un absoluto, sino que dependen de algo superior: la libertad humana, en este caso, la libertad del director que es capaz de decidir con acierto cómo actuar ante el “nuevo mundo” de los avaces técnico-científicos.

Es preciso no caer en la trampa de ver la automatización en términos binarios, absolutos, de blancos y negros. ¿Es verdad que una tecnología nueva conduce necesariamente al reemplazo del personal de la empresa? Si hay un reemplazo, ¿implica forzosamente un despido? No hay porque postular como irreconciliables los avances tecnológicos y el bienestar de los integrantes de la empresa.

Nuevamente, el papel del director debe ser de serenidad ante las cosas: evaluar las opciones que tiene en frente e imaginar escenarios posibles, consciente de que la técnica, bajo la dirección del ser humano, es una posibilidad que no se agota en unos y ceros. Se trata de un ejercicio que demanda conocimiento, reflexión y mirada de largo plazo.

¿Cuáles son los avances técnicos en mi industria? ¿Cómo empatan estos avances con la misión y valores de mi empresa? ¿Qué impacto (positivo y negativo) conlleva su implementación? ¿Existen otras opciones? ¿Estos avances suponen un reemplazo o complementan el trabajo de mi personal?

 

Gran oportunidad de innovar

 

Si el reemplazo del personal resulta necesario, la manera propia de afrontar el reto por parte del director es con responsabilidad. Así como sería irresponsable dejar de implementar nuevas tecnologías que permitan la competitividad y sostenibilidad de las empresas, sería igualmente irresponsable pensar que el paso necesario es el despido de quienes serán reemplazados.

Una vez más, se hace necesaria la capacidad de pausa, reflexión y visión del director, que le permitan encontrar las nuevas posibilidades que se abren en la empresa para las personas que serán reemplazadas. Ordinariamente, el reemplazo se lleva a cabo en aquellas labores que son más rutinarias y “codificables”, dejando espacio para realizar las labores que resultan más humanas: la creatividad, la proyección, la estrategia, la solución de problemas, el cuidado y atención de las personas, lo que supone nuevas áreas para la creación de bienes y servicios en las empresas.

El ser humano es posibilidad y la ética es la disciplina que orienta la posibilidad humana hacia su despliegue positivo. En este sentido, las nuevas tecnologías entrañan un reto peculiar para el director, que deberá ser capaz de conocer, cuestionar, desistir o implementar de acuerdo con lo que resulte más adecuado para la empresa y sus fines, o en otras palabras, desplegar de manera positiva las posibilidades de su empresa –entendida como comunidad de personas–.

Hay que recordar que estos fines no se limitan a la generación de riqueza, sino que se extienden a la generación de un bien o servicio a la sociedad a la que pertenece la empresa, el desarrollo de las personas que forman parte de ésta y la visión a futuro sin comprometer el presente, que llamamos sostenibilidad.

 

 [También te puede interesar: México debe ser un desarrollador no un usuario]

 

1Trabajar en 2033, PwC, 2018

2The Future of Jobs Report 2018, Till, Vesselina y Saadia, World Economic Forum

Febrero 26 / 2020

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