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Opacidad en el sector privado*
 

 

Para Arturo Picos Moreno, investigador del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE Business School), son tres los principales rubros en los cuales los empresarios no son transparentes: información financiera, la agenda oculta del director y esconder o negar el ocultamiento de defectos en los productos.

Doctor en filosofía, cuya área de especialización es la ética empresarial, Picos Moreno explicó sobre el primer punto que, ante el entorno de legislación fiscal intrincada que hay en el país y ante la duda fundada que suscita el destino de los recursos que se recaudan, las empresas llevan dobles o triples contabilidades. Es decir, "reportan una cosa al fisco, otra a los accionistas y otra es del manejo interno".

En relación con la agenda oculta del director, "sobre todo de cara a su propia gente", el especialista indicó que muchas empresas prefieren mentir a los empleados para evitar supuestos problemas si se dan a conocer ciertas cosas. "A la postre, todo esto resulta contraproducente", asegura.

Al respecto, puso el ejemplo de una empresa que tenía que cerrar una planta, pero al mismo tiempo, antes de cerrarla, tenía que lograr una producción récord. "Los empresarios ocultaron a sus empleados el cierre, pues temían que aquellos se desmoralizaran y no se lograran las metas. Los empresarios fueron, entonces, desleales e injustos con su propia gente.

Sobre el tercer punto, el investigador subrayó que con tal de no perder el cliente, algunas empresas ocultan defectos de sus productos o garantías que no se piensan cumplir, sin embargo, "al final del día estas acciones también resultan contraproducentes, pues el cliente tarde o temprano se da cuenta y ya no repite la compra".

Consultor en diversos proyectos para empresas, tanto del sector público como del privado, Picos Moreno señala que la falta de transparencia es un asunto cultural muy arraigado. "No somos más o menos opacos hoy en día que antes, sin embargo, hoy hay más conciencia de la importancia de ser transparentes; no obstante, aún falta mucho por hacer, pues existe un ambiente generalizado de opacidad."

Ello, dijo, provoca obstáculos en las empresas que quieren ser transparentes. "Este contexto, sitúa a las empresas que quieren ser transparentes en aparente desventaja. Yo quiero ser transparente, pero ni mis competidores ni mis proveedores lo son. La primera reticencia es ésa. La transparencia parece ser muy romántica."

Indicó que otra dificultad se da cuando una empresa es verdaderamente transparente, pero nadie le cree. Hay empresas que tienen una deuda con el banco, se comprometen a pagar el adeudo, muestran sus estados y solicitan una renegociación, sin embargo, el banco es el primero que desconfía e investiga si la empresa tiene bienes que se pueden dar en garantía. "En este ambiente de sospecha se entorpecen las gestiones."

Abundó que a pesar de ello, es un hecho que las empresas que se esfuerzan por ser transparentes están logrando una diferencia competitiva que es difícil de igualar. "Hay notarías, por ejemplo, que acaparan un mercado muy interesante de clientes que lo que están buscando es un gestor honorable que no les cargue costos ocultos."

El experto dijo también que si bien aún no hay una legislación que obligue a las empresas a ser transparentes, muchas recurren a la autorregulación.

"La autorregulación va avanzando. Es algo que el mundo global está pidiendo. Es muy difícil mantener una duplicidad de criterios, es decir, manejarse con transparencia con los socios en el extranjero, pero al interior del país ser opaco. Se trata de una de las ventajas de la apertura comercial. Los estándares del manejo transparente que exigen las empresas con las que se asocian o negocian las compañías mexicanas en el exterior obligan a ir hacia una cultura de mayor transparencia."

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*Nota publicada en el diario El Financiero, el 11 de diciembre de 2009.