“El rey del punto”, como era conocido César Franco Huerta, diseñador de modas mexicano que murió el pasado 15 de diciembre, se distinguía por la maestría con la que creaba prendas tejidas poseedoras de una estética única, así como por ser un hombre de negocios notable y, según refieren sus ex compañeros de la Generación 1979-1980 del AD-2 del IPADE, un amigo entrañable, por lo que lamentaron su partida.
“En los años 80 no había dama que no tuviera un cárdigan o suéter acanalado de César Franco en su clóset”, consignó un artículo del diario Reforma días después de su fallecimiento. Otros medios de información dieron cuenta del vacío que permanecerá en las exhibiciones de moda, nacionales e internacionales.
Sin embargo, sus compañeros del IPADE añorarán más al amigo, que al diseñador. Para Gustavo Maldonado Soto, presidente de la Generación en la que Franco cursó el Programa de Alta Dirección hace más de tres décadas, su partida deja un gran hueco en el grupo pues “asistía siempre a todos los eventos organizados para egresados. Era una persona muy positiva, emotiva, alegre, cariñosa y sencilla”, afirmó.
El ex participante del Instituto reconoce especialmente la lucha que su camarada emprendió para abatir la enfermedad que coartó su vida: leucemia. Este hecho lo inspiró para organizar una reunión en la que la Generación 1979-1980 recordará el ímpetu que rigió su trayectoria. “Estamos organizando, para febrero, un evento donde todos los egresados podamos hablar de esto; de la vida en general, de César. De la lucha como empresarios por la vida, por los negocios”, reveló.
De la faceta como empresario de Franco, Maldonado reconoce que se caracterizó por ser emprendedor, ya que viajaba con frecuencia a Europa y a otros lugares del mundo para buscar nuevas ideas, diseños, materiales, como estambres, para crecer y seguir figurando en el ramo de la ropa tejida.
Relata que “el rey del punto”, como toda persona que se aventura con un nuevo negocio, enfrentó algunos problemas, que supo resolver: “Cuando tuvo las tiendas, las rentas le costaban mucho. Pidió ayuda a varios compañeros, formó un consejo e incluso lo asesoraron en el IPADE. Cerró los establecimientos y decidió seguir por el camino de la producción, el diseño y la venta al mayoreo. Fue un magnífico y exitoso empresario”.
Maldonado enfatizó que Franco era un hombre querido, tanto por los empresarios del ramo como por sus compañeros de Generación, y reconoce la sencillez con la que se conducía pese a que era ampliamente conocido. “Siempre estaba muy bien vestido pero no era petulante, como se puede pensar de la gente que se dedica a la moda. Era muy discreto, incluso no invitaba más que a los amigos cercanos a sus fashion shows, porque argumentaba: ‘van a decir que quiero presumir’”.
César Franco estudió ingeniería textil en Barcelona. En México impulsó la introducción de marcas como Topeka, en los 60, Carolina Herrera y Alba Conde. También fue vicepresidente del Instituto Mexicano de la Moda. En octubre de 2010 presentó su última colección en la Semana de la Moda, organizada por Mercedez Benz, en la capital del país.