Por Carlos Ruiz González*
Muchas veces en estos artículos hemos hablado del recientemente fallecido fundador de Apple, Steve Jobs, de su gran capacidad de innovar, de su cuidado con los detalles en el diseño de sus productos, de cómo fue un gran visionario que supo “crear” industrias, de cómo era capaz de “orquestar” tecnologías (creadas por su empresa, y también externas) para diseñar productos nuevos y atractivos, de su enfoque tenaz para facilitar la experiencia de los usuarios con sus productos...
Sabíamos que estaba enfermo, sus prolongadas ausencias y su aspecto físico nos lo confirmaban, pero creo que muchos teníamos la esperanza de que viviera más tiempo; el propio Jobs no pensaba así… en su famoso discurso dado en 2005 en la graduación de la Universidad de Stanford (primera vez que era pronunciado por alguien que no había concluido su licenciatura) afirmaba que la muerte es una faceta de la renovación de la vida y que cada día habría que vivirlo como si fuera el último. Asimismo, reconocía el aprendizaje que había tenido ante la adversidad, relataba cómo lo había “templado” el haber sido despedido de Apple en 1985 (la compañía que él mismo había fundado) y cómo le había afectado el recibir la noticia de que padecía cáncer de páncreas. Así que, aunque sabíamos que se acercaba el fin, nos sorprende y entristece su muerte.
Un entrepreneur. Jobs, nombrado el director general (CEO) de la década, por la Harvard Business Review en 2010, epitomiza lo que es un buen emprendedor que persigue oportunidades sin importar los medios de los que dispone, que está inconforme con la realidad y, con una gran dosis de inteligencia imagina, “visualiza” una nueva realidad para después llevarla a cabo, con una gran dosis de voluntad. En ese proceso no solo creó grandes productos (la computadora personal, por citar solo uno de ellos) sino que, como otro gran emprendedor (Tomas Alva Edison) creó “industrias”. Lo hizo siempre teniendo en cuenta la funcionalidad para el usuario, pero dejando muy satisfechos a los involucrados (un ejemplo extraordinario es la creación de iTunes, el servicio de música digital y el mayor vendedor de música del mundo pese a que no ha cumplido ni 10 años de haber sido creado y con la que ya ha vendido más de 17,000 millones de canciones, y ha ayudado enormemente a que los estudios de música combatan eficazmente a la piratería y disminuyan muy sensiblemente sus costos al no manejar inventarios físicos.
Una gran interrogante. ¿Seguirá siendo Apple una compañía de vanguardia o resentirá la pérdida de su fundador? La pregunta está abierta, aunque hay que señalar que puede observarse (desde el descubrimiento de su enfermedad) que Jobs dedicó tiempo y esfuerzo para constituir a un equipo capaz de mantener el espíritu de Apple. El Jobs de la última década (su década más productiva) es muy diferente al Jobs que salió de Apple en los 80, ese entrepreneur arrogante exitoso y seguro de sí mismo se suavizó con las experiencias adversas y, ante la inminencia de la muerte, preparó muy bien a su equipo de trabajo para que fuera capaz de conservar, mantener, cuidar y perfeccionar las competencias (las capacidades) que explican su enorme éxito, las cuales se centraban en el diseño, en la innovación, en la creación de productos en donde se conjugaban el arte y la tecnología. Finalmente, valdría la pena recordar el caso de General Electric, esta importante y emblemática empresa que supo continuar y crecer muy exitosamente (tiene ya más de 130 años), después de la desaparición de su fundador, ese gran innovador que fue el anteriormente mencionado Tomás Alva Edison.
El legado de Jobs. Seguramente la figura de Jobs será referencia en el futuro, servirá como enseñanza de las virtudes de un emprendedor exitoso, recordaremos su pasión por los detalles, su enorme compromiso con la calidad y el diseño, su habilidad de “refinar” sus productos hasta hacerlos lo más simples posible. Hay quien mide su éxito por sus exitosos productos y conceptos, y está bien, pero también hay algunos expertos que miden su éxito por un factor raro, pero interesante; en el Silicon Valley (y hay quien considera a Jobs como al creador del Silicon Valley) todos los entrepreneurs quisieran ser el siguiente Jobs, y la verdad es que con certeza veremos surgir ideas de jóvenes emprendedores de 20 años, que revolucionarán al mundo, como en su momento Steve Jobs lo hizo a sus 25 años, en el Silicon Valley, California en 1975.
Steve Jobs decía con frecuencia que habría que dejar huella en el mundo, mejorarlo un poco. La verdad es que él lo ilustró y ejemplificó; gracias a sus ideas, a sus productos a sus conceptos, el mundo es mejor ahora…
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* El autor es Profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en IPADE Business School y director del Programa de Alta Dirección (AD-2).