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Obama y su política de empleo en Estados Unidos
 

 

Por Edmundo Vallejo Venegas*

En Estados Unidos se anunció recientemente la creación del Consejo de Competitividad y Empleo para asesorar al presidente Barak Obama en estas materias, el cual estará encabezado por Jeffrey R. Immelt, presidente de General Electric (GE) a nivel global.

No habían terminado de anunciar este nombramiento cuando ya se discutían en ese país las implicaciones de esta propuesta. ¿Acaso es un mensaje político de cara a las elecciones de 2012? ¿Un esfuerzo real por mejorar su productividad y competitividad industrial? ¿Un cambio de estrategia económica para incrementar su capacidad exportadora, ya que depender sólo del consumidor norteamericano –muchos desempleados y otros con ahorros que distan mucho de ser la tablita de salvación de su economía– no es viable?

Es responsabilidad de ese país discutir, descifrar y seguir de cerca las razones de este anuncio, así como la capacidad de sus agentes para alcanzar resultados positivos en el futuro en esos dos temas. Competitividad y empleo son fundamentales para ayudar a Estados Unidos a regresar a la senda del crecimiento sustentable de su economía y del bienestar de su población. Esta discusión le corresponde a su gobierno, a sus instituciones y a su sociedad, en general.

Pero, ¿qué significa este anuncio para México? ¿Qué implicaciones potenciales tiene para nuestra economía, en fondo y forma?

Sin lugar a dudas, esta decisión representa para México un gran reto en el corto plazo –una mala noticia–,  pero una enorme oportunidad en el largo plazo –una buena noticia– , para lo cual necesitaremos prepararnos rápida e inteligentemente.

Generación de empleo y competitividad son dos conceptos que caminan en la misma dirección pero no necesariamente al mismo tiempo y ritmo. La primera acción obliga a pensar en el corto plazo y a tomar decisiones que quizá no son las más sólidas desde el  punto de vista de negocios pero que están muy influidas por la coyuntura actual.

De acuerdo con un estudio de McKinsey, el nivel de empleo en Estados Unidos ha caído 5% por debajo del nivel que existía un mes antes de iniciar la recesión en 2007, tendencia que se ha mantenido durante 36 largos meses; no se había visto nada cercano a estos dramáticos niveles desde la década de 1970, según el estudio y, seguramente, desde la Gran Depresión de los treinta.

A diferencia de nuestro país, Estados Unidos no cuenta con una economía informal que le de cabida a sus desempleados: éstos se quedan en casa y sufren las consecuencias.
No olvidemos, además, que hay varias empresas norteamericanas muy grandes en deuda con el gobierno de Obama, tanto financiera como política y moralmente, a raíz del apoyo que éste les brindó en medio de la última crisis, pero quien se apresta a cobrarles esas deudas.

Crear empleo genera votos: y cuán necesitado está el Presidente de este apoyo. La presión por generar empleo es enorme y su gobierno de jugará todas sus cartas para lograrlo.

¿Qué opciones tiene Estados Unidos para generar estos empleos con un mercado interno muy golpeado, tasas de desempleo históricas, niveles de confianza que acaban de tocar el piso y un sistema financiero discutiendo todavía cuándo será el momento de volver a abrir sus líneas de crédito para consumidores y empresas?

La alternativa más viable en el corto plazo es regresar a los estadounidenses algunos de esos puestos de trabajo, de esas líneas de producción y de esas inversiones que se justificaron, en su momento, fuera de ese país, lo cual es una mala noticia para varios países, entre ellos México.

Jeff Immelt, la cabeza de GE a nivel global y ahora asesor del presidente Obama a través de este recién formado Consejo, es un líder pragmático que entiende muy bien la importancia y el valor político que representa la creación de un empleo en cualquier país.

GE invirtió en Alemania en el establecimiento de un centro de investigación y desarrollo (I&D) cuando era fundamental enviar un mensaje del compromiso de la empresa con el mercado europeo.

En medio de la crisis en 2008, anunció la creación de un centro de desarrollo tecnológico en Detroit, el corazón del sector automotriz, así como la incorporación de 200 posiciones en I&D en Río de Janeiro, decisión que sin lugar a dudas le ha otorgado una cercanía muy importante con el gobierno brasileño. Por lo tanto, su tarea es hacer lo mismo en EE.UU. Es el mandato de su nuevo jefe.

La manera más rápida de generar empleos, y hacerlo rápido, es crucial y no debe justificarse sólo a través del mercado interno, sino relocalizando operaciones que algún día iniciaron en el país estadounidense.

Dichas operaciones se movieron después a otros lugares buscando mejores costos; México, como todos sabemos, se vio ampliamente beneficiado de esa migración vía el Tratado de Libre Comercio.

Irónicamente, las cosas han cambiado y son susceptibles de regresar a donde iniciaron, a pesar de carecer de sentido económico y de negocio. Pero con un déficit de un trillón de dólares en Estados Unidos, estas naciones han perdido proporción y contexto, así que la posibilidad de esta migración a la inversa es muy real. Esta es la mala noticia para México.

La buena noticia viene por el lado de la competitividad. Las empresas norteamericanas, las más ricas del mundo en materia de recursos, las más avanzadas en términos de tecnología de management y las más agresivas en la búsqueda de oportunidades de crecimiento, no pueden llegar a ser las más competitivas sin ayuda.

Entre diversas razones, sus costos de mano de obra, su ubicación con respecto a otros mercados, y las prerrogativas que los sindicatos han alcanzado en industrias clave como la automotriz, la eléctrica y la del acero, por nombrar algunas, no les permiten lograr la estructura de costos y productividad necesarias para competir contra otras regiones del mundo; China, en particular y Asia, en general.

La visita del presidente chino, Hu Jintao, a Estados Unidos, se llevó a cabo en un momento en que las relaciones entre ambos países se encuentran en un punto muy bajo debido a las acusaciones en materia de derechos humanos y a las diferencias sobre el papel geopolítico que debe jugar cada cual en el futuro próximo. Pero el principal desacuerdo se refiere al acceso al mercado chino de las empresas norteamericanas. 

Immelt, conocedor del mercado, ha sido muy puntual en sus críticas al gobierno de China por su actitud “selectiva” hacia las empresas de ese país a costa de la apertura de oportunidades para las norteamericanas. No en balde el presidente Obama lo nombró para esta posición; así, en este tema, y algunos otros, los dos personajes se encuentran del mismo lado de la mesa.

Y es aquí donde se presenta una oportunidad enorme para la economía y las empresas mexicanas. Estados Unidos sabe muy bien que no será capaz de considerarse la economía más competitiva a menos que cuente con un apoyo enorme en su cadena de suministro que, sin duda alguna, incluye a nuestro país. 

Durante la última década le apostaron al mercado chino, para mejorar su productividad y, al mismo tiempo tener acceso a su mercado (¿o al revés?), pero el concepto de ganar-ganar sólo había tenido un triunfador: China. De este modo, por razones distintas, este país también se verá afectado por los esfuerzos de generar empleos en Estados Unidos.

No sólo la mano de obra mexicana se requiere para ayudar a mantener costos competitivos de las empresas del otro lado del Río Bravo. La calidad y la productividad demostradas a lo largo de las últimas décadas en México en industrias como la automotriz, la de electrodomésticos, y la naciente industria de aeronáutica, son unos cuantos ejemplos que demuestran por qué las compañías norteamericanas requerirán necesariamente de apoyo regional.

Existen otros datos que Immelt conoce muy bien: los centros de desarrollo de tecnología e ingeniería que se han establecido en el Bajío de empresas como Mabe, Condumex y la propia GE que posee un centro de ingeniería con más de 1,200 ingenieros, todos ellos mexicanos especializados en turbinas de generación de energía y de aviación, entre muchos otros centros, son tan sólo una muestra del papel fundamental que México juega ya, y que podrá incrementar aún más, en sintonía con el esfuerzo del presidente Obama para lograr que la economía de su país sea más competitiva.

El anuncio debe ser leído y analizado por nuestros líderes empresariales, sindicales y políticos por igual. Tiene implicaciones muy importantes para nosotros. En el corto plazo habrá que defender aquellas posiciones de trabajo en riesgo de regresar a Estados Unidos. Todos debemos estar muy conscientes de este hecho.
Los líderes de empresas norteamericanas establecidas en México jugarán un papel relevante. Las compañías locales –hoy proveedoras de muchas de estas líneas de producción en riesgo de reubicarse– deberán responder a través de mejoras productivas.
La Secretaría de Economía y el gobierno, en general, deberán movilizarse rápidamente para ayudar a defender posiciones que se vean amenazadas de ser transferidas. No hay tiempo que perder. No debemos olvidar que, al menos en el corto plazo, para Estados Unidos esto no es solo un tema de negocios y economía, es sobre todo un tema político.

Sin embargo, los mercados, y las circunstancias, nos presentan una vez más –¿cuántas hemos tenido?– una gran oportunidad para explotar esa necesidad imperiosa que tiene nuestro vecino de convertirse en una potencia exportadora.

México debe insertarse, de nuevo,  en esa ecuación de competitividad que Estados Unidos tratará de desarrollar. Y este objetivo, por parte nuestra, no se deberá buscar, obviamente, para beneficiar sólo intereses externos (ya sabrán nuestros expertos diplomáticos cómo explotar este apoyo).

La razón principal es la reacción interna para defender nuestra posición manufacturera, la que hemos alcanzado gracias al esfuerzo de mucha gente durante muchos años, así como el incrementar nuestra contribución al cimiento competitivo de aquel país, lo que nos ayudará a alcanzar lo que es indispensable para el crecimiento y bienestar de nuestro propio país: generar empleos y ser más competitivos.

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*Edmundo Vallejo Venegas fue presidente y director general de General Electric Latinoamérica. Actualmente es profesor de Política de Empresa en IPADE Business School.

 
Comentarios (4)
   Miguel Ochoa Torres escribió:2/18/2011 2:21:51 PM
Estimado Edmundo: me gustó mucho tu artículo. Felicidades. M. Ochoa.
   German Martinez escribió:2/18/2011 5:52:52 PM
Muy interesante y nos da un panorama de lo que ya esta por llegar ,para estar listos y continuar aprovechando las ventajas comparativas y competitivas dentro de la nueva version de cadena de suministro con USA.
   Gerardo Inigo Heras escribió:3/14/2011 5:06:17 PM
Mundo, muy bueno e interesante el artículo que has escrito. Felicidades.
   Magdalena González escribió:3/15/2011 12:33:16 PM
Me parece un tema muy interesante, Hace poco en una conferencia a la que asistí mencionaban que no sabemos en que momento podemos subirnos al barco y aprovechar las oportunidades, lo que si sabemos es que debemos estar preparados para ello. Felicidades.
 
 
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