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Fiat 500... México, la mejor opción
 

 

 

Caso IPADE: “Fiat 500… México, la mejor opción”
Autores: Miguel León Garza e Iván Rubio Rivas
Área Académica: Dirección de Operaciones

 

A inicios de 2010 –cuando la industria automotriz mundial comenzaba a contrarrestar el golpe que sufrieron sus finanzas por la crisis económica global—, el presidente de la recién establecida alianza Fiat-Chrysler, Sergio Marchionne, decidió que México era el mejor país para producir su modelo Fiat 500, también conocido como Cinquecento. Una de las razones de esta resolución residía en el alto estándar de calidad que ofrece la planta de Chrysler ubicada en Toluca, considerada como una de las mejores del mundo.

¿Por qué Marchionne resolvió impulsar de esta forma una transformación estratégica al interior de la nueva fusión entre dichas empresas? ¿Qué tiene esta planta productora que la hace tan diferente del resto? El profesor Miguel León Garza, del Área de Dirección de Operaciones en IPADE Business School y el investigador Iván Rubio Rivas, lo exponen en el caso de negocio “Fiat 500… México, la mejor opción”, el cual dieron a conocer apenas este año.

En el caso, León explica cómo México juega un importante papel como fabricante automotriz de clase mundial, pues cuenta con el volumen de exportación más alto entre los países emergentes –con un millón y medio de unidades exportadas en 2008—, el cual lo coloca como actor esencial de la estrategia global de reconversión en el sector automotriz.

Además, el académico del IPADE resalta las características específicas que hacen a la planta productora de Toluca una de las más importantes: para empezar, al momento de la fusión con Fiat, la planta estaba produciendo las marcas Dodge Journey y PT Cruiser para todo el mercado de América del Norte.

Ese factor, aunado a una transformación en sus procesos de producción, le valieron el reconocimiento internacional.

“Uno de los factores clave se encuentra en la filosofía de la planta, ya que se había puesto un énfasis (...) muy especial en los recursos humanos y las relaciones sindicales para establecer un modelo de alta y constante integración, incorporando prácticas colaborativas en las decisiones operativas, de tal manera que consideraban que el mejor ingeniero en la línea de producción era el mismo operario, y el indicado para saber lo que se podía mejorar”, señalan los autores del caso.

Incluso, en el caso se relata que el involucramiento de los trabajadores de la planta era tal, que en ocasiones ellos mismos llegaban a sugerir la sustitución de quienes no contaban con las habilidades necesarias o no eran suficientemente responsables para trabajar en la línea de producción, todo esto con la participación y aprobación del sindicato.

“La organización del trabajo en la línea contaba con un team leader, el cual era designado por los mismos operarios (10 a 12) en función de sus conocimientos y capacidad de mando. Dicho team leader no laboraba en una estación de trabajo determinada, sino que sólo apoyaba. Por lo general dominaba todas las tareas de cada estación entre los miembros del equipo. Con esta estrategia la empresa había logrado bajar el nivel de control de los supervisores”, apunta León en el caso.

Lo anterior lo remarcó también Marchionne al comentar su sorpresa cuando descubrió la calidad y el orgullo por el trabajo que encontró en los empleados de aquél lugar, considerado uno de los mejores “por la calidad en sus procesos tanto de estampado como de ensamble, destacando su mano de obra, equiparable con la de las mejores plantas europeas y a bajo costo”, señala el caso de negocio.

El académico del IPADE considera además la importancia de la industria automotriz en México, que despegó a inicios de los años sesenta con un decreto que prohibía la importación de vehículos terminados y ligaba la fabricación local con un 60% mínimo de contenido nacional.

De hecho, otro gran impulso para la consolidación del sector fue la firma del TLC con Estados Unidos y Canadá. Con los años, esto provocó que para 2010, la industria automotriz en México represente 17.3% del PIB manufacturero, cuente con plantas de ensamble de vehículos en 12 estados, con plantas de fabricación de autopartes en 26 estados y una  red de más de mil 400 distribuidores autorizados en las principales ciudades del país. Todo lo anterior genera cerca de un millón de empleos en toda la cadena productiva.

Así, con una inversión de 550 millones de dólares, la empresa Chrysler, a través de la fusión con Fiat, comenzará a generar en diciembre de 2010 el Fiat 500, lo cual generará 400 empleos directos y 2 mil 800 indirectos.

La planta de Toluca detonará además, según se afirma en el caso:

  • La fabricación de entre 100 y 130 mil unidades al año.
  • 95% se exportarán a Estados Unidos, Canadá y Sudamérica, principalmente.
  • Chrysler contará con 6 mil 500 trabajadores en el país, ocupando 11% de los trabajadores de las manufactureras.
  • El sector automotriz aportará 20% del PIB manufacturero de México.