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Una vida lograda: Carlos Llano
 

 

Por Carlos Ruiz González*

Estoy donde estoy....,(No donde quisiera estar) ...,
   pero no voy a donde voy (sino a donde quiero ir
)
Carlos Llano

El Formador. El miércoles 5 de mayo falleció el Doctor Carlos Llano Cifuentes, a quien tuve el privilegio de conocer desde hace 33 años y de quien recibí (y muchos recibimos como lo atestiguan los innumerables testimonios que han ido surgiendo) consejos, enseñanzas, formación, un siempre edificante ejemplo y numerosas pruebas de amistad. Carlos fue un empresario (de empresas lucrativas y no lucrativas) y también fue un destacadísimo formador de empresarios, recuerdo que en 2004, cuando fue incluido en el salón del empresario, uno de mis colegas, Arturo Picos afirmaba “en el salón de la fama del béisbol no sólo hay jugadores, sino también entrenadores” Llano personificó ambos papeles.

Un hombre equilibrado, y de contrastes. Carlos Llano decía que no siempre se conjugan cualidades aparentemente opuestas en la misma persona, afirmaba que quien tiene “mente abierta” normalmente carece de “firmeza de criterio” (recíprocamente el firme de criterio normalmente no tiene la mente abierta). No fue su caso, Llano conjuntó talantes aparentemente opuestos; fue un hombre con una extraordinaria inteligencia, pero también poseía una inquebrantable voluntad, congujaba la mente brillante de un gran teórico con la astucia y perseverancia de quien es eminentemente práctico, como lo atestiguan sus obras escritas y sus logros. Hombre austero y medido, fue tremendamente generoso con sus amigos. Y su carácter reflexivo, con una alta capacidad de concentración nunca le impidió disfrutar de los placeres que la vida ofrece, desde una caminata en el campo, hasta un buen libro de poesía o una copa de Rioja.

Al frente de un grupo de empresarios, lidereándolos, en el México de los 60’s, (tan diferente, tan alejado en tiempo y circunstancias del actual) emprendió la creación de una escuela de negocios (el IPADE) que con el tiempo alcanzaría prestigio y reconocimientos internacionales y que ha dejado marca y un gran sentimiento de gratitud entre quienes hemos participado en los programas que ofrece.

Un hombre prudente. Carlos afirmaba que un buen dirigente debía ser objetivo y humilde, magnánimo y audaz, fuerte, constante y confiado, y aunque nunca se puso de ejemplo de nada, era fácil encontrar la similitud con su persona; tremendamente objetivo veía las cosas como eran, y no como quisiese que fueran. Humilde, entendiendo la humildad como objetividad con uno mismo, conocía bien sus capacidades…, y sus limitaciones, sus objetivos siempre fueron grandes (magnánimos, que viene del latín magna anima: alma grande, como la que siempre tuvo) y audaces, exigentes, objetivos que requerían: desarrollarse, estirarse, ser mejor. Todo eso logrado con una tremenda fortaleza (para acometer y resistir) con confianza en los demás y una tremenda constancia, nunca dejando cosas a medias.

Un gigante; alegre y optimista. Sus logros fueron impresionantes, aunque nunca presumió de ellos. Era como los buenos atletas, que parecen (o aparentan) obtener triunfos sin esfuerzo, que corren o meten goles disfrutándolo, como si fuera sencillo, “parecería” me decía un amigo común “que sacó adelante una universidad como si fuera algo sencillo”. Pilar Urbano en un capítulo de su libro “El hombre de Villa Tevere” hace constante referencia a un salmo (el 18) y a como lo vivía San Josemaría Escrivá, el verso dice: “Exultavit ut gigas ad currendam viam” (que traducido sería. «Se llenó de alegría y se levantó como un gigante, para recorrer el camino con prisa.») Se le aplica a Llano, emprendió labores enormes, aparentemente imposibles, audaces, lo emprendió como un gigante (que lo era en muchos sentidos) y lo hizo con alegría, tenía urgencia de servir, de trabajar, a pesar de sus años se movía con prisa, no desaprovechaba nunca el tiempo (por eso escribía al menos un libro por año).

Un Guerrero, sin miedo a desarrollarse. Cuando tuvo que aprender, aprendió, cuando tuvo que emprender, emprendió…, pero con gusto, disfrutándolo, sonriendo. A Llano le gustaba mucho aquel poema del Cid de Manuel Machado (“no confundirlo con su hermano Antonio, quizá más popular” esclarecía):


Por necesidad batallo
y una vez puesto en la silla,
se va ensanchando Castilla, 
delante  de mi caballo….


Al Cid no es que le gustará pelear, pero tenía que hacerlo, y ya en el caballo…, acababa gustándole, lo hacía bien, “ensanchaba” Castilla. Así era Llano, un buen caballero que, a diferencia del Cid si servía a un gran Señor y, estamos seguros, que como dice la leyenda del Cid, continuará ganando batallas después de muerto.

Por eso afirmaba Llano (en “Metamorfosis de la Empresa”) “Estoy donde estoy....,(No donde quisiera estar) ..., pero no voy a donde voy (sino a donde quiero ir)” Siempre inconforme, siempre queriendo mejorar, nunca dejándose llevar por las circunstancias, siempre trazando el rumbo, aprovechando oportunidades y viendo a los problemas como obstáculos elegidos precisamente por quien se propone alcanzar objetivos grandes.

Un católico Fiel, (que se honra de su fe y somete a ella su vida). En el prefacio de la Misa de difuntos la liturgia católica proclama: “La vida no se acaba sino se transforma”; Carlos Llano era un muy buen Católico, entendía muy bien a la muerte (uno de sus más interesantes artículos es precisamente “El problema Filosófico de la Muerte”), tenía la certeza de que la vida aquí es pasajera, preámbulo a la vida eterna. Todos los que le conocimos coincidimos en la certeza de que ya está en el Cielo.

Una vida lograda, el hermano de Carlos (Alejandro Llano) escribió un libro con este título, en él que afirma “quienes tienen vida lograda son mujeres y hombres que se han convertido en un tarea para si mismos, que son autores de su vida, …, Buscadores implacables, se lanzan a comprometerse en cuestiones culturales y sociales que les implican y les trascienden” y añade: “son jóvenes; Claro aparece que es joven toda aquélla, todo aquél, para quien el futuro presenta mayor interés que el pasado”. Todos los testimonios que recientemente hemos conocido acerca de él concuerdan: Carlos Llano a sus 78 años era un joven y su vida fue en el más amplio significado, con un muy profundo alcance y en el más extenso sentido, una vida lograda.

 

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* El autor es profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y Director del Programa de Alta Dirección (AD-2) en la misma institución.