15 de octubre de 2009
Por Eugenio Gómez Alatorre*
Pocas decisiones generan tanta discusión y voces divergentes como la de un posible aumento de impuestos. El que se imponga en un entorno de recesión económica como en el que nos encontramos ahora agudiza y radicaliza las posturas frente a ella.
Así ha sucedido desde principios de septiembre cuando la Secretaría de Hacienda y Crédito Público contempló en su propuesta para el Programa Económico de 2010 el incremento de algunos impuestos y la creación de uno más justo cuando el país se encuentra en medio de una recesión. Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México, dijo recientemente que el aumento de gravámenes propuesto por Hacienda es necesario para cubrir el déficit fiscal.
Compleja es la propuesta, cuando la consecuencia natural de un aumento en la carga impositiva es agravar y alargar las recesiones y lo que necesita ahora el país es la medida opuesta, es decir, un estímulo fiscal.
Hace algunos días el vocero de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ofreció argumentos en favor de su propuesta como defensa frente a las críticas. Analizar estos argumentos es conveniente para decidir si realmente se justifica el aumento de impuestos propuesto.
El informe de Hacienda menciona que la propuesta “permite ir sentando poco a poco las bases de una política de mayores ingresos no petroleros del sector público, que sean permanentes y que estén sustentados en pilares sólidos, en un esquema donde dependamos cada vez menos de los volátiles ingresos petroleros”. Esto es, sin duda, bueno para el país.
Es necesario arreglar el problema estructural de las finanzas públicas en México pero esto se puede hacer después para no afectar a la economía cuando se encuentra en recesión. Además, el hecho de que el aumento en algunos impuestos, como el ISR y el de la cerveza, se proponga como temporal es incongruente con este objetivo.
En el mismo informe se afirma que el costo de no aumentar los impuestos sería mayor que el de aumentarlos porque “el deterioro de las finanzas públicas definitivamente ahuyentaría el capital, frenando la inversión, el crecimiento económico y perjudicando aún más el empleo”.
Está bien que el gobierno busque evitar estos costos, el problema es que el aumento de impuestos frena la inversión, el crecimiento económico y perjudica al empleo así que no se evitan dichos costos. La diferencia está en que el aumento de impuestos afecta de forma más directa a las variables mencionadas que no aumentarlos, cuyo efecto depende de que efectivamente provoque una salida masiva de capitales.
La Secretaría de Hacienda descarta un mayor endeudamiento al argumentar que “un déficit elevado inhibe el crecimiento económico pues se traduce, en la práctica, en un desplazamiento de la inversión privada. El gobierno, al absorber mayores recursos de los mercados de deuda deja menos recursos disponibles y más caros para las familias y las empresas, reduciendo las posibilidades de consumo e inversión”.
Al respecto, Paul Krugman, el último ganador del premio Nobel en Economía, afirma en su blog que el argumento de desplazamiento de la inversión privada es cierto en condiciones normales pero no en la situación de recesión que se tiene actualmente.
La razón de esto es que en estos momentos el consumo y la inversión dependen principalmente del crecimiento económico y no de la disponibilidad o el costo de los recursos financieros: la inversión está cayendo a tasas anuales de dos dígitos. La verdadera limitante de la inversión actualmente es el estado de recesión en que se encuentra el país. De esta forma, resulta que la mejor forma de promover el consumo y la inversión es evitando el aumento de impuestos para no estorbar a la recuperación de la economía mexicana.
La propuesta actual del gobierno implica que la deuda represente el 37.8 por ciento del PIB en 2010, ligeramente por debajo del 38.5 por ciento de deuda que presentarán en promedio los países en desarrollo y emergentes de acuerdo con los datos las recién publicadas Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés) del Fondo Monetario Internacional (FMI).
De acuerdo con la misma fuente, la deuda pública promedio mundial en 2010 será de 71.7 por ciento y la de los países desarrollados del 99 por ciento de su PIB, entre éstos destacan los casos de Japón, Italia y Estados Unidos cuya deuda representará en 2010 el 227, 120.1 y 93.6 por ciento de su PIB, respectivamente. La deuda pública de México no es muy alta en comparación internacional y podría aumentar en un punto del PIB sin graves consecuencias.
Lo anterior no significa que la propuesta del gobierno carezca de sensatez; al contrario, es indispensable arreglar el problema estructural que presentan las finanzas públicas ante la perspectiva de una disminución permanente de los ingresos petroleros.
El problema es que este ajuste no debe llevarse a cabo justo a la mitad de una fuerte recesión. El FMI en su WEO menciona que el estímulo fiscal se debe mantener hasta que la recuperación se afirme, pero también que los gobiernos se deben comprometer a reducir fuertemente su déficit en cuanto se tenga una recuperación estable. Probablemente lo óptimo sería aprobar el incremento de impuestos para no preocupar a las agencias calificadoras y a los inversionistas pero que este aumento no se aplique hasta 2011 o 2012.
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*Eugenio Gómez Alatorre es profesor e investigador del Área de Entorno Económico en IPADE Business School.