Por Miguel Estrada*
Es común que al escuchar el término innovación en las empresas, inmediatamente pensemos en el porcentaje de recursos económicos que esta debe destinar para desarrollar nuevos productos y servicios, sin embargo, estos procesos también pueden darse en otros aspectos como el modelo de negocio, la organización de la cadena productiva la comercialización, por mencionar algunos.
La inversión en innovación, ciencia y tecnología es necesaria para el crecimiento exponencial de las organizaciones por lo que no se puede prescindir de la creación de nuevos esquemas que fortalezcan a la competitividad de las empresas. México, es un país que se caracteriza por tener poca inversión en esta materia, ocupa el lugar 60 a nivel internacional, pues solo destina el 0.4% del PIB nacional para estos efectos, según datos del presidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología, de la Cámara de Diputados, José Meza Elizondo, el 29 de enero.
De acuerdo con el Índice Global de Innovación, que anualmente publica el INSEAD Business School, nuestro país ocupa la posición 81, entre 125 naciones, lo cual dejar ver que este es un gran campo de oportunidad para el crecimiento de las empresas mexicanas.
Cabe destacar que los empresarios de nuestro país cada vez están más conscientes de los beneficios de la implementación de la innovación en sus organizaciones. No es casualidad que el IPADE atraiga a tantos líderes de diversos sectores a los programas enfocados como el de Alta Dirección en Innovación y Tecnología (ADIT), que se imparten en distintas sedes para adecuarse a los avances que se generan en el mundo.
La necesidad que tiene nuestro país de crear nuevas fuentes de trabajo para ocupar a las generaciones que están egresando de diversas universidades e institutos tecnológicos será muy difícil de lograr solamente con mejoras paulatinas a los procesos y productos actuales. Innovar en una empresa se traduce en la creación de nuevos productos, otros puestos dentro de las organizaciones, más mercado y, por tanto, más empleo.
Un ejemplo de cómo la economía de algunas localidades se ha diversificado gracia a la innovación, es el desarrollo de clústers del sector de la electrónica, en Guadalajara, o de la industria aeroespacial que ha convertido a Querétaro y a Hermosillo en motores de la competitividad nacional.
Precisamente, en la capital sonorense, se inaugurará el ADIT 2012, con la participación de más de 50 empresarios y directivos de la región, quienes están conscientes de que cuando se implementan sistemas de innovación, los negocios pueden tener un incremento sustancial en su productividad, lo cual se traduce en mayor rentabilidad y competitividad.
México tiene características que juegan en beneficio de la innovación, como la ubicación geográfica y el capital intelectual, que facilitan la creación de redes de conocimiento y la formación de habilidades para la investigación científico-tecnológica.
Por su parte, las empresas asentadas en el país tienen un rol esencial, ya que la inversión de tiempo y dinero generan un impacto a mediano y largo plazo. Ejemplo de ello son las organizaciones tecnológicas que, en promedio, invierten 15% de sus recursos en innovación. El reto será diversificar los ámbitos de implementación de estas noveles maneras de hacer las cosas para ser cada vez más eficientes, rentables y competitivos.
No es tarea sencilla, pero una vez que los empresarios son sensibles a las áreas de oportunidad, tanto al interior, como al exterior de su organización, pueden anticiparse a las tendencias del mercado y desarrollar nuevas formas de competir y fortalecerse.
La innovación, sobre todo en Pequeñas y Medianas empresas, que representan el 80% de nuestra economía, es un imperativo. No solo para ser más competitivas sino para brindar las opciones de trabajo necesarias para el crecimiento de nuestro país. Por ello, vale la pena preguntarse si estamos dispuestos a invertir en innovación o si nuestra empresa puede sobrevivir sin ella.

* El autor es Profesor del área de Dirección de Operaciones y Director de Programas Enfocados