Autor: Sergio Raimond Kedilhac-Navarro
Área Académica: Entorno Económico
“A 100 años del inicio de la Revolución Mexicana, en el país hay 55 millones de personas en situación paupérrima, de las cuales 11 millones experimentan una ‘pobreza multidimensional extrema’ y representan 10% de la población total, de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL)”, consigna el caso de estudio Después del Bicentenario, desarrollado por el profesor Sergio Raimond Kedilhac-Navarro, de IPADE Business School.
Ante ello, el académico subraya la necesidad pronta de impulsar las reformas que proyecten a México como un país con una sólida economía hacia el futuro, ya que la población ha crecido a 122 millones, incremento que agudizó la emigración de habitantes hacia Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida. Este movimiento demográfico, sin embargo, disminuyó a raíz de la crisis financiera de 2009 y provocó un alto índice de desempleo.
Las proyecciones económicas y planes de la administración pública no lograron abatir la pobreza, por lo que resulta prioritaria la aplicación de medidas complementarias, en específico, la implementación de lo que el profesor del IPADE define como un nuevo “modelo-país”.
Para Raimond, actualmente existen “tres tipos de México”: El rico, representado por alrededor de 20 millones de personas con alto poder adquisitivo, una población principalmente urbana que tiene acceso a todos los servicios; el intermedio, con 37 millones de habitantes, que constituyen una importante masa crítica de mercado, apetecible a nivel mundial, con potencial económico creciente, y el pobre, de 55 millones de personas marginadas, de las cuales 23 millones tienen rezago educativo y carecen de acceso a la alimentación; 18 millones están debajo del índice mínimo de bienestar y 11 millones viven en pobreza extrema.
Según explica el académico, tomar en cuenta esta clasificación podría ayudar a facilitar estrategias y prácticas para impulsar el nuevo “modelo-país”.
“Para principios de 2011, las relaciones económicas con el exterior deben ser revisadas, al igual que lo hacen otros países, para que el juego priorice el empleo interno, acorde a las medidas que están adoptando las contrapartes en el mundo”, afirma.
El autor apunta en su caso de estudio, que la crisis financiera agravó el problema del desempleo en México; además de afrontar esta dificultad –que se presentó de forma general en muchos países que estaban sufriendo la caída de sus respectivas economías, otro grave inconveniente fue el de tener que colocar a 400 mil individuos que ya no podían emigrar a Estados Unidos, en el mercado laboral.
Debido a esto, las autoridades de dicha nación empezaron a deportar a los indocumentados que, en 2010, sumarían 720 mil. El problema se agudizó por la reducción de remesas de mexicanos que afectó a sus familias de este lado de la frontera. Aunado a esta situación, el desempleo y la debilidad social se convirtieron en caldo de cultivo para la inseguridad, revela en la investigación.
“De modo urgente y prioritario se requiere generar 5.4 millones de empleos para personas declaradas en condiciones críticas de ocupación, de acuerdo con el diagnóstico de CONEVAL. Todos los agentes promotores –gobernantes, legisladores y empresarios– deben contemplar un pacto emergente para poner medios y condiciones en los que el mercado interno genere esas oportunidades de trabajo”, asevera el profesor.
Una posible estrategia del nuevo “modelo-país”, se plantea en el caso de estudio y consiste en abrir oportunidades de empleo a personas que ahora son poco productivas en actividades del campo y que tienen bajos ingresos, para contratarlas en otras actividades con mayor productividad.
Otra dificultad es la de atender la baja escolaridad que prevalece en México, relacionada a los altos índices de marginación: el 22.7% de la población mayor a 15 años no estudió o no terminó la primaria y suma, aproximadamente, 16 millones de personas. Un 17% adicional, 12 millones, apenas tiene el nivel de educación primaria terminado, versa en el documento del Área de Entorno Económico del IPADE.
En cuanto a la situación financiera del país, Raimond señala que el déficit permanente de la balanza comercial implica que las importaciones (11%) crecerán más que las exportaciones (10%), una diferencia que necesita complementarse con la entrada permanente de remesas –que seguirán reduciendo sus flujos en los próximos años– capitales o endeudamiento.
“El nuevo ‘modelo-país’ debería adoptar una política vigorosa y congruente respecto al déficit comercial, favorecer a la empresa mediana y pequeña y, por consiguiente, al empleo y al consumidor con bajo poder de compra”, refiere el académico.
La baja recaudación de impuestos es una situación crítica más a atender, pues el nivel de economía informal es muy alto. La evasión fiscal del segundo semestre de 2010 se reportó en 28.7%, lo cual significó 13.5 millones de personas que no cumplieron con sus obligaciones tributarias, según relata Raimond.
“La captación puede mejorar cuando se establecen compromisos entre autoridades y gobernados, a cambio de simplificar y reducir tasas impositivas, así como dialogar y transparentar el destino del gasto. En el contexto anterior se aprobó la Ley de Ingresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2011”, indica.
El catedrático enfatiza los objetivos que debe cubrir la reforma hacendaria en México, que enumera como sigue:
1. Elevar los niveles de recaudación.
2. Simplificar el cumplimiento a los contribuyentes y la fiscalización a las autoridades.
3. Fortalecer la inversión productiva, principalmente del productor mediano y pequeño.
4. Reducir los niveles de informalidad.
5. Fortalecer el gasto público social y en infraestructura.
Raimond subraya en Después del bicentenario, que las autoridades mexicanas tienen el reto político de negociar la ampliación de la base de contribuyentes, con lo cual recuperarían la confianza de la ciudadanía.